Τρίτη 20 Απριλίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 4

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~ Acerca de lo molesta que pudo ser la actitud de Sócrates, es importante la visión irónica que nos presenta Aristófanes en Las nubes, en la que el filósofo "en su tienda del pensamiento" se dedicaba a enseñar el arte de las paradojas a sus discípulos. Se dice que la condena a Sócrates fue motivada precisamente por sus comedias, en una de las cuales afirma: "Este charlatán desvía a la
juventud de nuestras enseñanzas". Sin embargo, esto parece dudoso, ya que dicha obra fue representada 24 años antes de que se promulgara la sentencia. Tampoco parece claro que fuera originada por su postura antidemocrática. Aunque Critias y Alcibíades habían sido discípulos suyos, Sócrates rompió con los Treinta Tiranos y terminó denunciando a Critias. Además, la condena se llevó a cabo en un plano religioso y moral, y no político. La imputación que se le hizo fue por "impiedad pública respecto a los dioses y corrupción de la juventud".
La ausencia de un cuerpo doctrinal y dogmático acerca de los dioses hace difícil tomar en serio la primera parte de la acusación e igualmente la imputación de corromper a la juventud, a no ser que por ello se entienda que con su actitud filosófica, Sócrates sometió a la democracia recientemente restaurada a la misma crítica a la que sometió a todas las demás cuestiones de índole moral, gnoseológica o religiosa. Asimismo, entre sus intereses de hallaba, probablemente, el instruir a una futura clase política para que gobernase sabia y justamente. Como entre sus discípulos se encontraban personajes tan controvertidos, anticonvencionales o contrarios a la democracia como Alcibíades o Arístipo, dicha "clase" fue odiada por la mayoría de los escasamente instruidos ciudadanos de Atenas, que se veían excluidos de la intelectualidad aristocrática de Sócrates.
Además de esto, tampoco hay que descartar que existieran motivos subjetivos, pasionales y antiguas rencillas personales. Esto es claro si tenemos en cuenta que uno de los querellantes, Anito (los otros dos fueron Meletos y Licón), debía guardarle enorme rencor a Sócrates por la muerte de su hijo, que prefirió quedarse con el maestro, rechazando acompañar a su padre en el destierro, y muriendo poco después alcoholizado.
Otro hecho paradójico que envuelve la condena de Sσcrates es que él mismo rehusó salir impune, comportándose altaneramente ante el tribunal. Una vez decidida su culpabilidad podría haber propuesto una pena (antitímesis) un tanto más suave que la presentada por la acusación (tímesis) e incluso, podría haber huido, ayudado por sus discípulos (Critón) y simpatizantes. Sin embargo, nada de esto hizo, limitándose a cumplir las leyes que él mismo, como ciudadano de Atenas, había acatado siempre. Bebió la cicuta y murió, convirtiéndose en uno de los personajes más importantes e influyentes de la humanidad. ~
Elena Díez (academiasocrates.com)
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**************
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El juicio de Sócrates descrito por sus contemporáneos
En la primera tetralogía de diálogos de Platón (Eutifrón, Apología, Critón y Fedón), el discípulo de Sócrates centra su trama en el juicio y ejecución de su maestro. Jenofonte también escribió una Apología de Sócrates.
Interpretación del juicio en el mundo antiguo
Los antiguos atenienses no le dieron al juicio de Sócrates el carácter icónico que posee hoy en día. Atenas acababa de atravesar un período complicado, donde un grupo pro espartano designado como los Treinta Tiranos había derogado la democracia en su búsqueda por imponer un gobierno oligárquico. El pueblo no veía como coincidencia el hecho de que Critias, el líder de los Tiranos, hubiera sido uno de los discípulos de Sócrates. Sus amigos procuraron disculparse, pero la visión de Atenas seguramente haya sido la expresada por el orador Esquines algunos años después, cuando, durante una disertación, escribió:
«¿Acaso no condenaron a muerte a Sócrates el sofista, compañeros ciudadanos, porque se demostró que había educado a Critias, uno de los Treinta que derribaron la democracia?»
Interpretación del juicio en el mundo moderno
La muerte de Sócrates, tal como fuera presentada por Platón, ha inspirado a escritores, artistas y filósofos del mundo moderno, en formas muy variadas. Para algunos, la ejecución de quien Platón llamó «el más sabio y justo de todos los hombres» ha demostrado la falta de confiabilidad en un gobierno democrático. Para otros, especialmente I. F. Stone en su libro El juicio de Sócrates, la acción de los atenienses era una defensa justificable de su democracia, la cual había sido restablecida recientemente.
En general, Sócrates es visto como una figura paterna, sabia y benévola, martirizada a causa de sus creencias intelectuales. Así fue exactamente como lo presentaron Platón y Jenofonte, por lo cual no es sorprendente que el mito de Sócrates y su ejecución haya tomado existencia propia, alejada del hombre histórico cuya verdadera visión política posiblemente no lleguemos a conocer jamás. (es.wikipedia.org)

Δευτέρα 12 Απριλίου 2010


Daniel Chodowiecki (Polonia, 1726 – 1801):
La muerte de Sócrates

Τρίτη 30 Μαρτίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 3


Wilhelm von Gloeden (Alemania, 1856–1931)
.
El juicio de Sócrates se refiere al juicio y posterior ejecución del filósofo ateniense Sócrates en 399 a. C. Sócrates fue enjuiciado y condenado por los tribunales del gobierno democrático de Atenas, bajo el cargo de corromper a los jóvenes y falta de creencia en los dioses ancestrales.
Dos de los contemporáneos de Sócrates (Platón y Jenofonte) describieron el juicio, el cual es uno de los más famosos de la antigüedad.
Antecedentes del juicio
En el momento de su enjuiciamiento, hacía años que Sócrates era una figura conocida en Atenas. La comedia de Aristófanes Las nubes (Nephelai), presentada en 420 a. C., tenía a Sócrates como uno de los personajes principales, mostrándolo como un estafador pomposo y rimbombante.
Ninguna de las obras producidas por Sócrates ha sobrevivido, pero su pupilo Platón registró muchos "diálogos socráticos", con su maestro como personaje central. Muchas de las personas más influyentes de la época se resintieron por el examen cruzado de Sócrates, ya que con sus preguntas refutaba las reputaciones de sabios y virtuosos. La molestia con la que la mayoría de la gente vio al elenchos le ganó a Sócrates el epíteto de "crítico de Atenas". El método socrático era imitado con frecuencia por los jóvenes atenienses, trastornando en gran medida los valores morales y el orden ya establecidos. Incluso pese a que el mismísimo Sócrates luchó por Atenas y abogó a favor de la obediencia a las leyes, al mismo tiempo criticó a la democracia, especialmente a la práctica ateniense de elecciones de grupo, ridiculizando que en ningún otro oficio podía una persona ser elegida de esa forma. Esta crítica aumentó la suspicacia de los demócratas, en especial cuando sus allegados eran descubiertos como enemigos de la democracia. Alcibíades traicionó a Atenas en favor de Esparta (aunque el hecho fue seguramente una cuestión de necesidad más que ideológica) y Critias, su ex discípulo, fue uno de los líderes de los Treinta Tiranos (la oligarquía pro espartana que gobernó Atenas durante algunos años, tras su derrota en la guerra del Peloponeso), a pesar que también hay registros de su enemistad.
Sumado a todo esto, Sócrates mantenía una visión muy particular en cuanto a la religión. Realizó varias referencias a su espíritu personal, o daimon, aunque afirmó explícitamente que nunca se le había impuesto, sino que le advertía sobre varios acontecimientos posibles. Muchos de sus contemporáneos sospechaban del daimon de Sócrates, considerándolo un rechazo a la religión del Estado. En general, se ve al daimon de Sócrates como algo similar a la intuición. Además, Sócrates decía que el concepto de bondad precedía a los deseos de los dioses, en lugar de estar determinado por estos.
El proceso
El primer elemento del juicio fue la acusación formal, presentada al arconte por el acusador, Meleto. Luego de haber decidido que existía un caso ante el cual debía darse una respuesta, el arconte indicó a Sócrates que se presentara frente a un jurado de ciudadanos atenienses, para contestar a los cargos de corrupción de los jóvenes atenienses y asebeia (impiedad).
Los jueces fueron seleccionados por lotería de entre un grupo de ciudadanos voluntarios varones (la ciudadanía no incluía a mujeres, esclavos ni extranjeros residentes) pertenecientes a cada clase social. A diferencia de cualquier juicio llevado a cabo en muchas sociedades modernas, la mayoría de los veredictos eran regla más que excepción (para una versión satírica de los jueces y tipos de personas que se podían encontrar en ellos, véase la comedia de Aristófanes Las avispas).
Sócrates se enfrentó a un jurado compuesto por 500 ciudadanos (su gran tamaño demuestra que el juicio era visto como algo importante) y después de que él y su acusador hubieran presentado sus disertaciones, el jurado votó a favor de condenarlo por 280 contra 220.
A continuación, Sócrates y el fiscal sugirieron varias sentencias alternativas. Tras expresar su sorpresa ante lo poco que fue necesario para declararlo culpable, Sócrates propuso en forma de broma una sentencia compuesta por comidas gratuitas en el Pritaneo (un honor que era reservado a los benefactores de la ciudad y los ganadores de los Juegos Olímpicos), luego se ofreció a pagar una multa de 100 dracmas, lo cual equivalía a una quinta parte de sus posesiones y era prueba irrefutable de su pobreza. Por último, acordó pagar la suma de 3.000 dracmas (la idea le había sido propuesta por Platón, Critón, Critóbulo y Apolodoro, quienes también le garantizaban su pago). Su acusador propuso la pena de muerte.
El jurado estuvo a favor de la pena por gran mayoría (360 contra 140), demostrando, según Platón, que Sócrates había perdido apoyo debido a su tono de ligereza y el hecho de no pedir disculpas.
Los seguidores de Sócrates le recomendaron huir, lo cual era esperado (e incluso habría sido aceptado) por la ciudadanía; pero él se negó por principios. Por coherencia con su propia filosofía de obediencia hacia las leyes, llevó a cabo su propia ejecución bebiendo la cicuta con la cual lo habían provisto. Así, se convirtió en uno de los primeros de los escasos "mártires" intelectuales. Sócrates murió a la edad de 70 años. (es.wikipedia.org)

Σάββατο 20 Μαρτίου 2010


Retrato de Sócrates, fresco romano del siglo II dC. descubierto en Éfeso.
Museo de Selçuk (Turquía)

Τετάρτη 10 Μαρτίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 2


Wilhelm von Gloeden (Alemania, 1856–1931)
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En 399 a. C. Sócrates fue enjuiciado y condenado por los tribunales del gobierno democrático de Atenas, bajo el cargo de corromper a los jóvenes y falta de creencia en los dioses ancestrales.
Dos de los contemporáneos de Sócrates (Platón y Jenofonte) describieron el juicio, el cual es uno de los más famosos de la antigüedad.
Antecedentes del juicio
En el momento de su enjuiciamiento, hacía años que Sócrates era una figura conocida en Atenas. La comedia de Aristófanes Las nubes (Nephelai), presentada en 420 a. C., tenía a Sócrates como uno de los personajes principales, mostrándolo como un estafador pomposo y rimbombante.
Ninguna de las obras producidas por Sócrates ha sobrevivido, pero su pupilo Platón registró muchos "diálogos socráticos", con su maestro como personaje central. Muchas de las personas más influyentes de la época se resintieron por el examen cruzado de Sócrates, ya que con sus preguntas refutaba las reputaciones de sabios y virtuosos. La molestia con la que la mayoría de la gente vio al elenchos le ganó a Sócrates el epíteto de "crítico de Atenas". El método socrático era imitado con frecuencia por los jóvenes atenienses, trastornando en gran medida los valores morales y el orden ya establecidos. Incluso pese a que el mismísimo Sócrates luchó por Atenas y abogó a favor de la obediencia a las leyes, al mismo tiempo criticó a la democracia, especialmente a la práctica ateniense de elecciones de grupo, ridiculizando que en ningún otro oficio podía una persona ser elegida de esa forma. Esta crítica aumentó la suspicacia de los demócratas, en especial cuando sus allegados eran descubiertos como enemigos de la democracia. Alcibíades traicionó a Atenas en favor de Esparta (aunque el hecho fue seguramente una cuestión de necesidad más que ideológica) y Critias, su ex discípulo, fue uno de los líderes de los Treinta Tiranos (la oligarquía pro espartana que gobernó Atenas durante algunos años, tras su derrota en la guerra del Peloponeso), a pesar que también hay registros de su enemistad.
Sumado a todo esto, Sócrates mantenía una visión muy particular en cuanto a la religión. Realizó varias referencias a su espíritu personal, o daimon, aunque afirmó explícitamente que nunca se le había impuesto, sino que le advertía sobre varios acontecimientos posibles. Muchos de sus contemporáneos sospechaban del daimon de Sócrates, considerándolo un rechazo a la religión del Estado. En general, se ve al daimon de Sócrates como algo similar a la intuición. Además, Sócrates decía que el concepto de bondad precedía a los deseos de los dioses, en lugar de estar determinado por estos.
El proceso
El primer elemento del juicio fue la acusación formal, presentada al arconte por el acusador, Meleto. Luego de haber decidido que existía un caso ante el cual debía darse una respuesta, el arconte indicó a Sócrates que se presentara frente a un jurado de ciudadanos atenienses, para contestar a los cargos de corrupción de los jóvenes atenienses y asebeia (impiedad).
Los jueces fueron seleccionados por lotería de entre un grupo de ciudadanos voluntarios varones (la ciudadanía no incluía a mujeres, esclavos ni extranjeros residentes) pertenecientes a cada clase social. A diferencia de cualquier juicio llevado a cabo en muchas sociedades modernas, la mayoría de los veredictos eran regla más que excepción (para una versión satírica de los jueces y tipos de personas que se podían encontrar en ellos, véase la comedia de Aristófanes Las avispas).
Sócrates se enfrentó a un jurado compuesto por 500 ciudadanos (su gran tamaño demuestra que el juicio era visto como algo importante) y después de que él y su acusador hubieran presentado sus disertaciones, el jurado votó a favor de condenarlo por 280 contra 220.
A continuación, Sócrates y el fiscal sugirieron varias sentencias alternativas. Tras expresar su sorpresa ante lo poco que fue necesario para declararlo culpable, Sócrates propuso en forma de broma una sentencia compuesta por comidas gratuitas en el Pritaneo (un honor que era reservado a los benefactores de la ciudad y los ganadores de los Juegos Olímpicos), luego se ofreció a pagar una multa de 100 dracmas, lo cual equivalía a una quinta parte de sus posesiones y era prueba irrefutable de su pobreza. Por último, acordó pagar la suma de 3.000 dracmas (la idea le había sido propuesta por Platón, Critón, Critóbulo y Apolodoro, quienes también le garantizaban su pago). Su acusador propuso la pena de muerte.
El jurado estuvo a favor de la pena por gran mayoría (360 contra 140), demostrando, según Platón, que Sócrates había perdido apoyo debido a su tono de ligereza y el hecho de no pedir disculpas.
Los seguidores de Sócrates le recomendaron huir, lo cual era esperado (e incluso habría sido aceptado) por la ciudadanía; pero él se negó por principios. Por coherencia con su propia filosofía de obediencia hacia las leyes, llevó a cabo su propia ejecución bebiendo la cicuta con la cual lo habían provisto. Así, se convirtió en uno de los primeros de los escasos "mártires" intelectuales. Sócrates murió a la edad de 70 años.
El juicio de Sócrates descrito por sus contemporáneos
En la primera tetralogía de diálogos de Platón (Eutifrón, Apología, Critón y Fedón), el discípulo de Sócrates centra su trama en el juicio y ejecución de su maestro. Jenofonte también escribió una Apología de Sócrates.
Interpretación en el mundo antiguo
Los antiguos atenienses no le dieron al juicio de Sócrates el carácter icónico que posee hoy en día. Atenas acababa de atravesar un período complicado, donde un grupo pro espartano designado como los Treinta Tiranos había derogado la democracia en su búsqueda por imponer un gobierno oligárquico. El pueblo no veía como coincidencia el hecho de que Critias, el líder de los Tiranos, hubiera sido uno de los discípulos de Sócrates. Sus amigos procuraron disculparse, pero la visión de Atenas seguramente haya sido la expresada por el orador Esquines algunos años después, cuando, durante una disertación, escribió:
«¿Acaso no condenaron a muerte a Sócrates el sofista, compañeros ciudadanos, porque se demostró que había educado a Critias, uno de los Treinta que derribaron la democracia?»
Interpretación en el mundo moderno
La muerte de Sócrates, tal como fuera presentada por Platón, ha inspirado a escritores, artistas y filósofos del mundo moderno, en formas muy variadas. Para algunos, la ejecución de quien Platón llamó «el más sabio y justo de todos los hombres» ha demostrado la falta de confiabilidad en un gobierno democrático. Para otros, especialmente I. F. Stone en su libro El juicio de Sócrates, la acción de los atenienses era una defensa justificable de su democracia, la cual había sido restablecida recientemente.
En general, Sócrates es visto como una figura paterna, sabia y benévola, martirizada a causa de sus creencias intelectuales. Así fue exactamente como lo presentaron Platón y Jenofonte, por lo cual no es sorprendente que el mito de Sócrates y su ejecución haya tomado existencia propia, alejada del hombre histórico cuya verdadera visión política posiblemente no lleguemos a conocer jamás. (es.wikipedia.org)

Κυριακή 28 Φεβρουαρίου 2010


Luca Giordano (Italia, 1634-1705): Sócrates y Xantipa

Σάββατο 20 Φεβρουαρίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 1


Busto en mármol que retrata al filósofo Sócrates y se le atribuye a Lisipo (copia romana)
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Sócrates (en griego, Σωκράτης, Sōkrátis) (470 a. C. - 399 a. C.) fue un filósofo griego considerado como uno de los más grandes tanto de la filosofía occidental como universal y como precursor de Platón y Aristóteles, siendo los tres representantes fundamentales de la filosofía griega.
Nació en Atenas, donde vivió durante los dos últimos tercios del siglo V a.C, la época más espléndida en la historia de su ciudad natal, y de toda la antigua Grecia. Fue hijo de Sofronisco – motivo por el que en su juventud se le llamaba "Sōkrátis iōs Sofroniskos" (Sócrates hijo de Sofronisco) –, de profesión cantero, y de Fainarate, comadrona, emparentados con Arístides el Justo.
Cuando Sócrates nació, su padre recibió del oráculo el consejo de dejar crecer a su hijo a su aire, sin reprimirle sus impulsos.
Desde muy joven llamó la atención de los que lo rodeaban por la agudeza de sus razonamientos y su facilidad de palabra, además de la fina ironía con la que salpicaba sus tertulias con los ciudadanos jóvenes aristocráticos de Atenas, a quienes les preguntaba sobre su confianza en opiniones populares, aunque muy a menudo él no les ofrecía ninguna enseñanza. Se casó con Xantipa (o Jantipa). Ella era de noble familia y trataba muy mal al filósofo; de ahí que los romanos apodaran a las mujeres de mal carácter como Xantipas. Su inconformismo lo impulsó a oponerse a la ignorancia popular y al conocimiento de los que se decían sabios. Él no se consideraba a sí mismo sabio, aun cuando uno de sus mejores amigos, Querefonte, le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates, y la Pitonisa le contestó que no había ningún griego más sabio que él (Apología 21a). Comenzó así su búsqueda, preguntando y conversando con aquellas personas a quienes la gente consideraba sabias, pero se dio cuenta de que en realidad creían saber más de lo que realmente sabían. Filósofos, poetas y artistas, todos creían tener un gran conocimiento, pero en cambio Sócrates era consciente tanto de la ignorancia que le rodeaba como de la suya propia, y este conocimiento lo llevó a tratar de hacer pensar a la gente y hacerles ver el conocimiento real que tenían sobre las cosas. Fingiendo saber menos, conversaba con la gente y luego les hacía notar sus errores; a esto se le denominó «ironía socrática», la cual queda expresada con su célebre frase «Yo solo sé que no sé nada» (Εν οιδα οτι ουδεν οιδα / en oida oti ouden oida). Su más grande mérito fue crear la mayéutica, método inductivo que le permitía llevar a sus alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban, por medio de hábiles preguntas cuya lógica iluminaba el entendimiento. Según pensaba, el conocimiento y el autodominio habrían de permitir restaurar la relación entre el ser humano y la naturaleza.
La sabiduría de Sócrates no consiste en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen y a partir de ahí construir conocimientos más sólidos.
Esto le convierte en una de las figuras más extraordinarias y decisivas de toda la historia; representa la reacción contra el relativismo y subjetivismo sofísticos, y es un singular ejemplo de unidad entre teoría y conducta, entre pensamiento y acción. A la vez, fue capaz de llevar tal unidad al plano del conocimiento, al sostener que la virtud es conocimiento y el vicio ignorancia.
El poder de su oratoria y la facultad de expresarse públicamente eran su fuerte para conseguir la atención de las personas.
Sócrates no escribió ninguna obra porque creía que cada uno debía desarrollar sus propias ideas. Conocemos sus ideas porque Platón se basó en ellas para escribir sus diálogos.
La intoxicación por cicuta fue usada por los griegos para quitar la vida a los condenados a pena de muerte. El caso paradigmático de la muerte de Sócrates, fue debido a la ingestión de una solución en base a la cicuta en el año 399 a. C.
Murió a los 70 años de edad, aceptando serenamente esta condena, método elegido por un tribunal que le juzgó, y que le ofrecía para morir por no reconocer a los dioses atenienses y corromper a la juventud. Según relata Platón en la Apología que dejó de su maestro, éste pudo haber eludido la condena, gracias a los amigos que aún conservaba, pero prefirió acatarla y morir. Realmente le juzgaron porque dos de sus discípulos fueron tiranos que atentaron contra Atenas.
A su muerte surgen las escuelas socráticas, la Academia Platónica, las menores, dos de moral y dos de dialéctica, que tuvieron en común la búsqueda de la virtud a través del conocimiento de lo bueno.
Platón no pudo asistir a los últimos instantes y éstos fueron reconstituidos en el Fedón, según la narración de varios discípulos. Aquí está el paso que describe los síntomas:

Él paseó, y cuando dijo que le pesaban las piernas, se tendió boca arriba, pues así se lo había aconsejado el individuo. Y al mismo tiempo el que le había dado el veneno lo examinaba cogiéndole de rato en rato los pies y las piernas, y luego, apretándole con fuerza el pie, le preguntó si lo sentía, y él dijo que no. Y después de esto hizo lo mismo con sus pantorrillas, y ascendiendo de este modo nos dijo que se iba quedando frío y rígido. Mientras lo tanteaba nos dijo que, cuando eso le llegara al corazón, entonces se extinguiría.
Ya estaba casi fría la zona del vientre, cuando descubriéndose, pues se había tapado, nos dijo, y fue lo último que habló:
—Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides.
—Así se hará, dijo Critón. Mira si quieres algo más.
Pero a esta pregunta ya no respondió, sino que al poco rato tuvo un estremecimiento, y el hombre lo descubrió, y él tenía rígida la mirada. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.
Éste fue el fin, Equécrates, que tuvo nuestro amigo, el mejor hombre, podemos decir nosotros, de los que entonces conocimos, y, en modo muy destacado, el más inteligente y el más justo. (Fedón 117e-118c.)

Además de las tres obras que se conservan, nos podemos acercar a Sócrates por medio de cuatro fuentes:
Los diálogos de Platón como material más importante.
Los escritos de Jenofonte en los que habla de Sócrates, los cuales, no obstante, contienen errores históricos.
La comedia de Aristófanes Las nubes, que fue escrita cuando Sócrates tenía solamente 41 años, ridiculizándolo y colocándolo en el lugar de los sofistas.
Y finalmente, las menciones de Aristóteles a lo largo de todas sus obras; no lo conoció directamente pero tradicionalmente se considera que su recuento es el más objetivo. (es.wikipedia.org)

Τετάρτη 10 Φεβρουαρίου 2010

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Eugenio Delacroix (Francia, 1798-1863): Les limbes
(Demóstenes, Xenofón, Alcibíades, Platón, Sócrates, Aspasia,
Ápelles, Alejandro Magno, Aristóteles, Achile)

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Σάββατο 30 Ιανουαρίου 2010

ΚΑΤΑ ΑΛΚΙΒΙΑΔΟΥ


Félix Auvray (Francia, 1830-1833):
Alcibíades con las cortesanas
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Él es tan diferente de los lacedemonios que mientras ellos aceptan sus derrotas, incluso con sus aliados cuando compiten en su contra, él ni con sus conciudadanos, sino que abiertamente ha declarado que no va a permitirlo a ninguno de los que deseen rivalizar con él. De aquí que, de tal conducta, las ciudades se ven obligadas a simpatizar con nuestros enemigos y a sentir odio con nosotros.
(…) el autor de la ley tenía la siguiente intención: al observar que algunos ciudadanos eran más poderosos que los magistrados y las leyes de modo que no era posible castigarlos por medio de un proceso privado, dispuso de una venganza pública en defensa de quienes son injuriados. Pues bien, por mi parte he sido objeto de cuatro juicios públicos y a nadie que lo quisiera le impedí intentarme juicios privados. En cambio, Alcibíades, aunque cometió tan graves delitos, en ninguna ocasión ha tenido el valor de someterse a algún juicio, pues es tan cruel que las personas, en vez de vengarse por los delitos que cometió, tienen temor de él por el que haga en el futuro, y a quienes han sufrido algún mal, les conviene soportarlo; pero él no se contenta si no realiza lo demás que se le antoje.
(…)
Así pues, es propio de Alcibíades el no preocuparse él mismo de las leyes y de los juramentos y el tratar que vosotros aprendáis a transgredirlos, el hacer exiliar a los demás y condenarlos a muerte sin piedad, y el rogar el mismo y llorar desconsoladamente. Y esto no me admira, pues él ha hecho actos dignos de muchos lamentos.

Contra Alcibíades
en Andócides: Discursos (Universidad Nacional Autónoma de México, 1996)
Versión de Gerardo Ramírez Vidal

Τετάρτη 20 Ιανουαρίου 2010


Louis-Jean-Francois Lagrenee ( Francia, 1725-1805 )

Κυριακή 10 Ιανουαρίου 2010

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ Ή ΠΕΡΙ ΠΡΟΣΕΥΧΗΣ 2


Henryk Siemiradzki (Polonia, 1843-1902)

Alcibíades II o de la oración
Traducción: Patricio de Azcárate

(para leer el texto pulsen aquí )

Τετάρτη 30 Δεκεμβρίου 2009

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Etienne (Dom Orejudos) [EEUU, 1933- 1991]:
Alcibíades

Δευτέρα 21 Δεκεμβρίου 2009

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ Ή ΠΕΡΙ ΠΡΟΣΕΥΧΗΣ 1

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Alcibíades II
Introducción
Citado en la cuarta tetralogía de Trásilo, juntamente con el Alcibíades I, el Hiparco y los Rivales, e incluido por Diógenes Laercio entre los cincuenta y seis escritos considerados auténticos de Platón, actualmente la crítica lo considera apócrifo. Para Souilhé es una imitación del Alcibíades I y habría que fecharlo en la última parte del siglo IV o principios del III. El erudito alemán Brünnecke, apoyándose en algunas “veladas alusiones”, deduce que pertenece a la época de abierta hostilidad de Atenas hacia Macedonia y cree ver en las advertencias de Alcibíades posibles referencias del autor a Alejandro.
El tema es que no hay que elevar plegarias a la ligera, sino después de una cuidadosa reflexión, ya que un hombre insensato corre el peligro de que sus plegarias sean para él causa de males gravísimos (es la misma moral que en Leyes 688b). Es el riesgo a que se expone el exaltado Alcibíades. La conclusión es que debe mantenerse tranquilo de momento, hasta que sea debidamente instruido por su maestro (Sócrates), a quien Alcibíades corona como presagio de victoria sobre el espíritu de su discípulo.
Todos los testimonios escritos que nos quedan demuestran que las relaciones de Sócrates con Alcibíades fueron muy exploradas por la literatura filosófica o sofística: entre ellos, dos diálogos completos atribuidos a Platón. La fuerte personalidad de Alcibíades se prestaba a ello, pero además, después de la muerte de Sócrates, la opinión popular le incluía entre los que habían estado influidos por su formación. Había que responder a las calumnias (recuérdese la acusación del rétor Polícrates, entre ellas) y acelerar las verdaderas relaciones entre los dos personajes. Jenofonte en Memorables (I2) y los autores de diálogos ponen de relieve la integridad y sabiduría de las lecciones socráticas, pero es difícil establecer analogías entre las distintas obras.
En el caso concreto de los dos Alcibíades, un estudio comparativo permite llegar a la conclusión de que el segundo no sólo es posterior al primero, sino que depende de él.
El estudio de la lengua nos da el carácter tardío de la composición, ya que encontramos algunas expresiones no áticas, pero el paralelismo de ideas descubre procedimientos de imitación y permite considerar el segundo como un plagio. Cf. A título de ejemplo Alcibíades 105ª y ss. Y su réplica en el segundo Alcibíades (141ª, b), dependiente del anterior, a pesar de que se llega a conclusiones distintas.
En cuanto a la época del segundo, algunos han querido ver en él tendencias cínicas o estoicas, pero platónicas en resumen: si bien el argumento de los primeros capítulos parece identificar insensatez y locura, el autor del segundo Alcibíades rechaza más tarde tal asimilación al establecer varios tipos de insensatez (aphrosyne), uno de los cuales sería la locura.
En cuanto al tipo de plegaria que Sócrates sugiere, aunque se encuentra entre los cónicos, también la usaban los pitagóricos, y los dos versos que se citan proceden de fuentes pitagóricas.
El diálogo recuerda ante todo la manera de los primeros escritos platónicos. Su doctrina religiosa no difiere de la de Platón. Su autor es un socrático y platónico fiel a la doctrina de sus dos maestros, que trató de difundir ante todo las ideas de religión basadas en la justicia y la sabiduría de espíritu, predominantes en la Academia a fines del siglo IV.

Platón: Diálogos VII. Dudosos, apócrifos, cartas (Gredos, 1992)
Trad.: Juan Zaragoza y Pilar Gómez Cardó

Πέμπτη 10 Δεκεμβρίου 2009

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Nicolas-André Monsiau (Francia, 1754 – 1837)
Sócrates y Alcibíades en la casa de Aspasia

Δευτέρα 30 Νοεμβρίου 2009

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ 'Η ΠΕΡΙ ΑΝΘΡΩΠΟΥ ΦΥΣΕΩΣ 4

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Alcibíades I o de la naturaleza humana
Traducción: Patricio de Azcárate
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(para leer el texto pulsen aquí )
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Παρασκευή 20 Νοεμβρίου 2009

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Karl von Blaas (Austria, 1815-1894)

Παρασκευή 13 Νοεμβρίου 2009

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ Η΄ ΠΕΡΙ ΑΝΘΡΩΠΟΥ ΦΥΣΕΩΣ 3

Francesco Hayez (Italia, 1791-1882):
Sócrates y Alcibíades
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Introducción (3)
La segunda parte del diálogo, donde empieza la mayéutica, precisa la naturaleza de su objeto. Segunda parte: 124b al final.
Los dos interlocutores se ponen de acuerdo en la necesidad de perfeccionarse (áristos gígnesthai). ¿Pero en qué areté?, pregunta Sócrates. Sigue como un deslizamiento del concepto de areté, emparentada con áristos, a la noción de téchne y luego de epistéme. Areté se presenta como la aptitud de hecho, la excelencia de quien posee una téchne, y epistéme se presenta como la ciencia que justifica la téchne. Esta evolución de términos corresponde de hecho a tres escalones de la progresión dialéctica: de la proposición «¿qué hace el hombre político?» se pasa a la pregunta «¿cuál es su areté?», y luego a «¿qué ciencia preside esta actividad?».
La respuesta de Alcibíades es ésta: ¿cómo llamas tú a la ciencia (epistéme) de los que participan en política (politeía)? El buen consejo (eubulia). Dice Sócrates.
Siempre por medio de las técnicas, el razonamiento lleva a la conclusión de que el hombre es distinto del cuerpo que emplea como instrumento, y que es el alma la que constituye la esencia misma del hombre. En consecuencia, si la sabiduría (sophrosýne) consiste en conocerse a sí mismo, nadie es sabio (sóphron) por la capacidad (téchne) que posee. Hay que entrar más a fondo en el universo del ser verdadero: hay en el alma, dice Sócrates, una parte en la que reside su función propia (areté), la «inteligencia» (sophía), sede del saber (to eidénai) y del pensamiento (to pgroneín). Lo que hay que considerar es este reflejo en nosotros de la divinidad, la intelección (phrónesis). Sin este reflejo en nosotros de sí, llamado shophrosýne, no se puede saber lo que es lo propio de uno. Un político que carezca de él está condenado a equivocarse (hamartánein) y a fracasar (kakós práttein) en sus empresas, tanto privadas como públicas, a ser desgraciado y a arrastrar a sus conciudadanos a la desgracia. No se puede ser feliz si no se es sabio (sóphron) y virtuoso (agathos). La virtud (areté) es por ello lo primero que hay que dar a los ciudadanos. El político no debe adquirir la libertad y el poder absolutos, sino la justicia y la sabiduría. Así será grato a los dioses y asegurará su felicidad (theophilos práttein - eudaimonein). La conclusión para Alcibíades se impone: debe, con la ayuda del dios, liberarse de su esclavitud aplicándose a la justicia. Sócrates le exhorta a ello, pero expresa sus temores. No desconfía de la phýsis del joven, pero teme el poder de la ciudad (132b.135e).
El final del diálogo alcanza una profundidad y una densidad notables. Sócrates se deja llevar por su vehemencia, y su exposición por momentos es algo incoherente. Se adivina entre líneas el problema de la virtud-ciencia y el de la unidad de la virtud. Al final se aporta una importante decisión. Sócrates afirma que sin el conocimiento de uno mismo, todo lo demás no es nada, pues es propio de una misma persona y de un solo arte (téchne) distinguir entre el sujeto, lo que es suyo y lo que depende de esto. Los ciudadanos, y en particular los artesanos, necesitan tener este «suplemento de alma» que les permita acceder al conocimiento verdadero. Sócrates no nos dice cómo dárselo, pero, en segundo término, del Alcibíades se adivina ya la gran idea del guardián-filósofo, que servirá de base al edificio de la República y las Leyes.
El diálogo termina con un deseo y un temor. Sócrates admite que Alcibíades posee el mínimo de cualidades (phýsis) necesarias para convertirse en un político digno de este nombre. Su éxito es seguro si a sus condiciones naturales añade la aplicación y el arte verdadero que controlarán su natural ambicioso. Pero hay que contar son precisiones exteriores, como la influencia de la ciudad, que es la que condenará a Sócrates a muerte y la que apartó Alcibíades del camino que estaba decidido a seguir. El engranaje fatal de la política ateniense echó por tierra sus buenas disposiciones. Se descubre así en las últimas palabras que pronuncia Sócrates un deseo de explicar el fracaso histórico de la pedadodía del maestro.

Platón: Alcibíades I o Sobre la naturaleza del hombre en Diálogos VII. Dudosos, apócrifos, cartas (Gredos, 1992)
Trad.: Juan Zaragoza y Pilar Gómez Cardó

Παρασκευή 30 Οκτωβρίου 2009

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Peter Paul Rubens ( Bélgica, 1577 - 1640):
Sócrates y Alcibíades

Τρίτη 20 Οκτωβρίου 2009

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ Η΄ ΠΕΡΙ ΑΝΘΡΩΠΟΥ ΦΥΣΕΩΣ 2

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José Aparício (España, 1773 — 1838)
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Introducción (2)
Hay un prólogo (103a-124b) que nos presenta un Alcibíades jovencísimo, de veinte años apenas cumplidos, en una escena que pudo desarrollarse en el año 430 lo más tarde. Sócrates se presenta de entrada como el auxiliar indispensable en las ambiciones políticas del joven, a quien no pueden bastarle sus privilegios naturales ni la posición social de que disfruta. Para dar consejos a la asamblea del pueblo, se necesitan conocimientos precisos. Para ello hay que tener un maestro y conciencia de la propia ignorancia. Alcibíades sólo ha frencuentado maestros de gramática, cítara y lucha: ¿podrá tomar la palabra en temas de guerra y paz, y en general los que interesan a la ciudad? Para preciar, Sócrates le da una lección de método: las guerras surgen de un disentimiento sobre lo husto y lo injusto, cuyo conocimiento hay que tener. Alcibíades reconoce su ignorancia. Para justificar la turbación del joven, Sócrates aclara que hay dos clases de ignorancia: una consiste en no saber algo y darse cuenta de ello; la otra consiste en no saber lo que en realidad no se sabe. Es esta última la que produce la confusión del alma y los errores de comportamiento. Es tanto más importante en cuanto que afecta a los temas más graves (tá mégista). Es el mal de la mayoria de los políticos de la época, con muy pocas excepciones, Pericles entre ellas. Alcibíades toma al pie de la letra esta afirmación de Sócrates y dice que si los hombres políticos de Atenas conviven con esta misma ignorancia (amathía), poco importa que él se instruya (manthánein) ni se ejercite (askeîn), pues los superará a todos con sus aptitudes naturales (phýsis).
Sócrates le hace ver que las únicas riquezas que los griegos pueden hacer prevalecer son la aplicación y la ciencia (epiméleia te kai sophía). Se enfrentan dos realidades: por una parte, la ciencia (téchne o sophía) objeto de aprendizaje (manthánein), y el interés (epiméleia) necesario para adquirirla y ejercerla (askeín); por otra partes, la phýsis, conjunto de disposiciones personales del alma y del cuerpo, que se adquieren al nacer y pueden mejorarse con la educación (trophé kaí paideía) y que desempeñan un papel en la adquisición de la virtud.
Paralelamente se enfrentan dos sistemas educativos; en ambos se reconoce el papel importante que deben desempeñar los educadores. Mientras que los persas y espartanos dan particularmente crédito a la phýsis, Sócrates pone émphasis sobre todo en una téchne que hay que inculcar. Sócrates piensa que el hombre que verdaderamente sabe es el que vive en armonía con sus conocimientos. Su téchne es también una sophía en el sentido moral. La segunda parte de diálogo, donde empieza la mayéutica, precisa la naturaleza del objeto.

Platón: Alcibíades I o Sobre la naturaleza del hombre en Diálogos VII. Dudosos, apócrifos, cartas (Gredos, 1992)
Trad.: Juan Zaragoza y Pilar Gómez Cardó

Σάββατο 10 Οκτωβρίου 2009

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Anton Petter (Austria, 1781-1858):
Sócrates y Alcibíades