Πέμπτη 15 Σεπτεμβρίου 2011
Τρίτη 30 Αυγούστου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 28

El calificativo necedades es verdaderamente adecuado para referirse a las cosas que hace el Sócrates descrito en la comedia Las Nubes. La trama de esta obra es sencilla: Estrepsíades lleva a su hijo Fidípides a Sócrates para que lo convierta, a cambio de un precio justo, en una persona tan hábil en sostener las razones contrarias a la justicia que sea capaz de vencer en cualquier discusión o pleito. De este modo, pretende no tener que pagar las numerosas deudas causadas por la desenfrenada vida del hijo. El resultado obtenido después de las enseñanzas socráticas, por desgracia para Estrepsíades, es bien diverso al esperado: recibe abundantes bofetadas de manos del su propio hijo, que llega incluso a probarle racionalmente que lo que está haciendo –abofetear a su padre- es un acto de justicia. Con lo cual Estrepsíades decide pegar fuego al Pensatorio, es decir, “la casa de los charlatanes”, el lugar donde se reúne Sócrates con sus discípulos; y lo hace “ por muchas razones, pero sobre todo por vilipendio contra los dioses” (1508-1509).
En la comedia aparecen claramente varios aspectos que ahora interesa resaltar. Por un lado, Sócrates es descrito como un sofista, que enseña a hacer fuerte el razonamiento débil, y como un filósofo de la naturaleza, que se dedica a estudiar las cosas del cielo. En ella, además, Sócrates corrompe a Fidípides, que se rebela contra el padre; y le enseña a negar la existencia de Zeus, introduciendo nuevas divinidades (1471)
Miguel Pérez de Laborda: El más sabio de los atenienses. Vida y muerte de Sócrates (RIALP, 2001)
En la comedia aparecen claramente varios aspectos que ahora interesa resaltar. Por un lado, Sócrates es descrito como un sofista, que enseña a hacer fuerte el razonamiento débil, y como un filósofo de la naturaleza, que se dedica a estudiar las cosas del cielo. En ella, además, Sócrates corrompe a Fidípides, que se rebela contra el padre; y le enseña a negar la existencia de Zeus, introduciendo nuevas divinidades (1471)
Miguel Pérez de Laborda: El más sabio de los atenienses. Vida y muerte de Sócrates (RIALP, 2001)
Δευτέρα 15 Αυγούστου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 27
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El primer problema que se presenta a quien se acerca a la persona de Sócrates es el de la multiplicidad de fuentes y las substanciales diferencias entre ellas. Sabemos con seguridad que su muerte se produjo en el 399 a.C., y que entonces tenía ya unos 70 años. No hay motivos tampoco para dudar de algunos otros datos que nos transmite Platón: es hijo de Sofronisco y de Fenáreta, “una excelente y vigorosa partera”, miembro de la tribu Antióquide y del demo de Alópece.
Los problemas se presentan más graves, en cambio, cuando intentamos conciliar lo que las diversas fuentes dicen de su personalidad y su filosofía. Esta multiplicidad de fuentes, unida al hecho de la diversidad de interpretaciones que en ellas encontramos de la persona y la doctrina socrática, ha dado lugar a la llamada cuestión socrática: ¿qué debemos creer de las versiones transmitidas suficientemente atendible?
Al inicio de su primera defensa, según nos cuenta Platón, Sócrates se refiere a las acusaciones contra él que desde hace muchos años han surgido en la ciudad. Y añade:
Miguel Pérez de Laborda: El más sabio de los atenienses. Vida y muerte de Sócrates (RIALP, 2001)
El primer problema que se presenta a quien se acerca a la persona de Sócrates es el de la multiplicidad de fuentes y las substanciales diferencias entre ellas. Sabemos con seguridad que su muerte se produjo en el 399 a.C., y que entonces tenía ya unos 70 años. No hay motivos tampoco para dudar de algunos otros datos que nos transmite Platón: es hijo de Sofronisco y de Fenáreta, “una excelente y vigorosa partera”, miembro de la tribu Antióquide y del demo de Alópece.
Los problemas se presentan más graves, en cambio, cuando intentamos conciliar lo que las diversas fuentes dicen de su personalidad y su filosofía. Esta multiplicidad de fuentes, unida al hecho de la diversidad de interpretaciones que en ellas encontramos de la persona y la doctrina socrática, ha dado lugar a la llamada cuestión socrática: ¿qué debemos creer de las versiones transmitidas suficientemente atendible?
Al inicio de su primera defensa, según nos cuenta Platón, Sócrates se refiere a las acusaciones contra él que desde hace muchos años han surgido en la ciudad. Y añade:
Estos acusadores son muchos y me han acusado durante ya muchos años, y además hablaban ante vosotros en el edad en la que más podíais darles crédito, porque algunos de vosotros erais niños o jóvenes y porque acusaban in absentis, sin defensor presente. Lo más absurdo de todo es que ni siquiera es posible conocer y decir sus nombres, si no es precisamente el de cierto comediógrafo (Apol. 18c-d)Tal comediógrafo no es otro que Aristófanes, que en el 423 )es decir, 24 años antes del proceso) había representado su comedia Las Nubes, anticipando la caracterización de Sócrates que después encontramos en la acusación: que se ha dedicado a “investigar las cosas subterráneas y celestes”:
En efecto, también en la comedia de Aristófanes veríais vosotros a cierto Sócrates que era llevado de un lado a otro afirmando que volaba y diciendo otras muchas necedades (Apol. 19c).
Miguel Pérez de Laborda: El más sabio de los atenienses. Vida y muerte de Sócrates (RIALP, 2001)
Σάββατο 30 Ιουλίου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 26

22. Aristóteles dice en el libro II de su Poética que Sócrates tuvo disputas con cierto Antióloco de Lemnos y con Anfitrón, intérprete de portentos, al modo que Pitágoras las tuvo con Cidón y con Onata. Sagaris fue émulo de Homero cuando todavía vivía, y después de muerto lo fue Jenofonte Colofonio. Píndaro tuvo sus contenciones con Anfimenes Coo; Tales con Ferecides; Biante con Salaro Prieneo; Pítaco con Antiménides y con Alceo; Anaxágoras con Sosibio; y Simónides con Timocreón.
23. De los sucesores de Sócrates, llamados socráticos, los principales fueron Platón, Jenofonte y Antístenes. De los que llaman los diez, fueron cuatro los más ilustres, a saber: Esquines, Fenón, Euclides y Aristipo. Trataremos primero de Jenofonte. De Antístenes hablaremos entre los cínicos. Luego de los socráticos, y en último lugar de Platón, que es el jefe de las diez sectas e instituidor de la primera Academia. Este será el orden que guardaremos.
24. Hubo otro Sócrates historiador, que describió con exactitud la región argólica. Otro peripatético, natural de Bitinia. Otro poeta epigramático. Y otro natural de Coo, escritor de los sobrenombres de los dioses.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
23. De los sucesores de Sócrates, llamados socráticos, los principales fueron Platón, Jenofonte y Antístenes. De los que llaman los diez, fueron cuatro los más ilustres, a saber: Esquines, Fenón, Euclides y Aristipo. Trataremos primero de Jenofonte. De Antístenes hablaremos entre los cínicos. Luego de los socráticos, y en último lugar de Platón, que es el jefe de las diez sectas e instituidor de la primera Academia. Este será el orden que guardaremos.
24. Hubo otro Sócrates historiador, que describió con exactitud la región argólica. Otro peripatético, natural de Bitinia. Otro poeta epigramático. Y otro natural de Coo, escritor de los sobrenombres de los dioses.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
Πέμπτη 30 Ιουνίου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 25
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20. No fue sólo con Sócrates con quien los atenienses se portaron así, sino también con otros muchos, pues multaron a Homero con cincuenta dracmas, teniéndolo por loco. A Tirteo lo llamaron demente, y lo mismo a Astídamante, imitador de Esquilo, habiéndolo antes honrado con una estatua de bronce. Eurípides en su Palamedes también objeta a los atenienses la muerte de Sócrates, diciendo:
21. Pienso que Sócrates trató también de las cosas naturales, puesto que dice algo de la providencia, según escribe Jenofonte; aunque él mismo asegura que sólo disputó de lo perteneciente a la moral. Cuando Platón en su Apología hace memoria de Anaxágoras y otros físicos, dice de éstos muchas cosas que Sócrates niega, siendo así que todas las suyas las atribuye a Sócrates. Refiere Aristóteles que cierto mago venido de Siria a Atenas reprobó muchas cosas de Sócrates, y le predijo moriría de muerte violenta. El epitafio mío a Sócrates es el siguiente:
(22) Era el mes de abril.
Matasteis, sí, matasteis al más sabio,Esto es así, aunque Filicoro dice que Eurípides murió antes que Sócrates. Nació Sócrates, según Apolodoro en sus Crónicas, siendo arconte Apsefión, el año cuarto de la Olimpíada LXXVII, a 6 de Targelión (22), en cuyo día los atenienses lustran la ciudad, y dicen los delios que nació Diana. Murió el año primero de la Olimpíada XCV, a los setenta años de su edad. Lo mismo dice Demetrio; pero aseguran otros que murió de sesenta años. Ambos fueron discípulos de Anaxágoras, Sócrates y Eurípides. Nació éste siendo arconte Calias, el año primero de la Olimpíada LXXV.
a la más dulce musa,
que a nadie fue molesta ni dañosa.
21. Pienso que Sócrates trató también de las cosas naturales, puesto que dice algo de la providencia, según escribe Jenofonte; aunque él mismo asegura que sólo disputó de lo perteneciente a la moral. Cuando Platón en su Apología hace memoria de Anaxágoras y otros físicos, dice de éstos muchas cosas que Sócrates niega, siendo así que todas las suyas las atribuye a Sócrates. Refiere Aristóteles que cierto mago venido de Siria a Atenas reprobó muchas cosas de Sócrates, y le predijo moriría de muerte violenta. El epitafio mío a Sócrates es el siguiente:
Tú bebes con los dioses,Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
oh Sócrates, ahora.
Sabio te llamó Dios, que es sólo el sabio.
Y si los atenienses
la cicuta te dieron, brevemente
se la bebieron ellos por tu boca.
(22) Era el mes de abril.
Δευτέρα 30 Μαΐου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 24
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19. Hay quien le atribuye un himno a Apolo, que empieza
20. No fue sólo con Sócrates con quien los atenienses se portaron así, sino también con otros muchos, pues multaron a Homero con cincuenta dracmas, teniéndolo por loco. A Tirteo lo llamaron demente, y lo mismo a Astídamante, imitador de Esquilo, habiéndolo antes honrado con una estatua de bronce. Eurípides en su Palamedes también objeta a los atenienses la muerte de Sócrates, diciendo:
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
(20) El Pompeyo era en Atenas un edificio público donde se guardaban las cosas para las pompas, funciones y festividades de la república. Había también allí estatuas de varones ilustres.
(21) Era el mes de abril.
Yo os saludo, Apolo DelioPero Dionisiodoro dice que este himno no es suyo. Compuso una fábula como las de Esopo, no muy elegante, que empieza:
y Diana, ilustres niños.
Dijo una vez Isopo a los corintiosÉste fue el fin de Sócrates; pero los atenienses se arrepintieron en tal grado, que cerraron las palestras y gimnasios. Desterraron a algunos, y sentenciaron a muerte a Meleto. Honraron a Sócrates con una estatua de bronce que hizo Lisipo, y la colocaron en el Pompeyo (20). Los de Heraclea echaron de la ciudad a Ánito el mismo día en que llegó.
la virtud no juzgasen
por la persuasión y voz del pueblo.
20. No fue sólo con Sócrates con quien los atenienses se portaron así, sino también con otros muchos, pues multaron a Homero con cincuenta dracmas, teniéndolo por loco. A Tirteo lo llamaron demente, y lo mismo a Astídamante, imitador de Esquilo, habiéndolo antes honrado con una estatua de bronce. Eurípides en su Palamedes también objeta a los atenienses la muerte de Sócrates, diciendo:
Matasteis, sí, matasteis al más sabio,Esto es así, aunque Filicoro dice que Eurípides murió antes que Sócrates. Nació Sócrates, según Apolodoro en sus Crónicas, siendo arconte Apsefión, el año cuarto de la Olimpíada LXXVII, a 6 de Targelión (21), en cuyo día los atenienses lustran la ciudad, y dicen los delios que nació Diana. Murió el año primero de la Olimpíada XCV, a los setenta años de su edad. Lo mismo dice Demetrio; pero aseguran otros que murió de sesenta años. Ambos fueron discípulos de Anaxágoras, Sócrates y Eurípides. Nació éste siendo arconte Calias, el año primero de la Olimpíada LXXV.
a la más dulce musa,
que a nadie fue molesta ni dañosa.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
(20) El Pompeyo era en Atenas un edificio público donde se guardaban las cosas para las pompas, funciones y festividades de la república. Había también allí estatuas de varones ilustres.
(21) Era el mes de abril.
Τρίτη 10 Μαΐου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 23

17. La acusación jurada, y que, según Favorino, todavía se conserva en el Metroo (18),fue como sé sigue: «Melito Piteense, hijo de Melito, acusó a Sócrates Alopecense, hijo de Sofronisco, de los delitos siguientes: Sócrates quebranta las leyes, negando la existencia de los dioses que la ciudad tiene recibidos, e introduciendo otros nuevos; yobra contra las mismas leyes corrompiendo la juventud. La pena debida es la muerte».
18. Habiéndole leído Lisias una apología que había escrito en su defensa, respondió: «La pieza es buena, Lisias; pero no me conviene a mí» (19). Efectivamente, ella era másuna defensa jurídica que filosófica (20). Preguntándole, pues, Lisias por qué no leconvenía la oración, supuesto que era buena, respondió: «¿Pues no puede haber vestidos y calzares ricos, y a mí no venirme bien?» Justo Tiberiense cuenta en su Crónica que cuando se ventilaba la causa de Sócrates subió Platón al púlpito del tribunal, y que habiendo empezado a decir así: «Siendo yo, oh atenienses, el más joven de los que a este lugar subieron...», fue interrumpido por los jueces, diciendo: «Bajaron, bajaron»; significándole por esto que bajase de allí. Fue, pues, condenado por doscientos ochenta y un votos más de los que lo absolvían; y estando deliberando los jueces sobre si convendría más quitarle la vida a imponerle multa, dijo daría veinticinco dracmas. Eubulides, dice que prometió ciento. Pero viendo desacordes y alborotadores a los jueces, dijo: «Yo juzgo que la pena a que debo ser condenado por mis operaciones es que se me mantenga del público en el Pritaneo» (21). Oído lo cual, se agregaron ochenta votos a los primeros, y lo condenaron a muerte. Prendieronlo luego, y no muchos días después bebió la cicuta, una vez acabado un sabio y elocuente discurso que trae Platón en su Fedón.
18 Era un templo de Atenas, dedicado a la Gran Madre de los dioses. Podrá verse acerca de él Juan Meursio.
19 Véase Cicerón, lib. I, De oratore; Valerio Máximo, 6, 4, número 2, in extern.
20 Esto es, se reducía toda a súplicas y ruegos, confesando haber errado en la doctrina, proponiendo enmendarse o retractase de ello, dando la razón a los acusadores, etc.
21 El Pritaneo era un edificio ilustre y suntuoso en el alcázar de Atenas, en el cual no sólo se juntaba el Senado cuando quería, sino que también eran allí mantenidos por la patria los que le habían hecho algún servicio señalado.
18. Habiéndole leído Lisias una apología que había escrito en su defensa, respondió: «La pieza es buena, Lisias; pero no me conviene a mí» (19). Efectivamente, ella era másuna defensa jurídica que filosófica (20). Preguntándole, pues, Lisias por qué no leconvenía la oración, supuesto que era buena, respondió: «¿Pues no puede haber vestidos y calzares ricos, y a mí no venirme bien?» Justo Tiberiense cuenta en su Crónica que cuando se ventilaba la causa de Sócrates subió Platón al púlpito del tribunal, y que habiendo empezado a decir así: «Siendo yo, oh atenienses, el más joven de los que a este lugar subieron...», fue interrumpido por los jueces, diciendo: «Bajaron, bajaron»; significándole por esto que bajase de allí. Fue, pues, condenado por doscientos ochenta y un votos más de los que lo absolvían; y estando deliberando los jueces sobre si convendría más quitarle la vida a imponerle multa, dijo daría veinticinco dracmas. Eubulides, dice que prometió ciento. Pero viendo desacordes y alborotadores a los jueces, dijo: «Yo juzgo que la pena a que debo ser condenado por mis operaciones es que se me mantenga del público en el Pritaneo» (21). Oído lo cual, se agregaron ochenta votos a los primeros, y lo condenaron a muerte. Prendieronlo luego, y no muchos días después bebió la cicuta, una vez acabado un sabio y elocuente discurso que trae Platón en su Fedón.
18 Era un templo de Atenas, dedicado a la Gran Madre de los dioses. Podrá verse acerca de él Juan Meursio.
19 Véase Cicerón, lib. I, De oratore; Valerio Máximo, 6, 4, número 2, in extern.
20 Esto es, se reducía toda a súplicas y ruegos, confesando haber errado en la doctrina, proponiendo enmendarse o retractase de ello, dando la razón a los acusadores, etc.
21 El Pritaneo era un edificio ilustre y suntuoso en el alcázar de Atenas, en el cual no sólo se juntaba el Senado cuando quería, sino que también eran allí mantenidos por la patria los que le habían hecho algún servicio señalado.
Παρασκευή 22 Απριλίου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 22
14. Habiendo convidado a cenar a ciertas personas ricas, como Jantipa tuviese rubor de la cortedad de la cena, la dijo: «No le aflijas, mujer; pues si ellos son parcos lo sufrirán, y si comilones (14) nada nos importa». Decía que «otros hombres vivían para comer; pero él comía para vivir. Que quien alaba al pueblo bajo se parece a uno que reprobase un tetradracmo (15) y recibiese por legítimos muchos de ellos». Habiéndole dicho Esquines: soy pobre; nada más tengo que mi persona, me doy todo a vos, respondió: «¿Has advertido cuán grande es la dádiva que me haces?» A uno que estaba indignado por hallarse sin autoridad, habiéndole usurpado el mando los treinta tiranos, le dijo: «¿Y qué es lo que en esto te aflige? Que los atenienses, respondió, te han condenado a muerte. Y la Naturaleza a ellos», repuso Sócrates. Algunos atribuyen esto a Anaxágoras. A su mujer, que le decía que moriría injustamente, le respondió: «¿Quisieras acaso tú que mi muerte fuese justa?»Habiendo soñado que uno le decía:
Tú dentro de tres díasdijo a Esquines que «pasados tres días moriría». Estando para beber la cicuta, le trajo Apolodoro un palio muy precioso para que muriese con este adorno, y le dijo Sócrates: «Pues si el mío ha sido bueno para mí en vida, ¿por qué no lo será en muerte?» Habiéndole uno dicho que otro hablaba mal de él, respondió: «Ése no aprendió a hablar bien». Como Antístenes llevase siempre a la vista la parte más rasgada de su palio, le dijo: «Veo por esas aberturas tu vanagloria». A uno que le dijo: «¿No está aquél hablando mal de ti?», respondió: «No, por cierto: nada me toca de cuanto dice». Decía que «conviene exponerse voluntariamente a la censura de los poetas cómicos; pues si dicen la verdad nos corregiremos, y si no nada nos toca su dicho».
a la glebosa Ftía harás pasaje,
15. Habiéndole injuriado de palabras una vez su mujer Jantipa, y después arrojádole agua encima, respondió: «¿No dije yo que cuando Jantipa tronaba ella llovería?» A Alcibíades, que le decía no era tolerable la maledicencia de Jantipa, respondió: «Yo estoy tan acostumbrado a ello como a oír a cada momento el estridor de la polea; y tú también toleras los graznidos de los ánsares». Replicando Alcibíades que los ánsares le ponían huevos y educaban otros ánsares, le dijo: «También a mí me pare hijos Jantipa». Quitóle ésta en una ocasión el palio en el foro, y como los familiares instasen a Sócrates a que castigase la injuria, respondió: «Pardiez, que sería una bella cosa que nosotros riñésemos y vosotros clamaseis: No más Sócrates, no más Jantipa». Decía que «con la mujer áspera se debe tratar como hacen con los caballos falsos y mal seguros los que los manejan; pues así como éstos, habiéndolos domado, usan con más facilidad de los leales, así también yo después de sufrir a Jantipa me es más fácil el comercio con todas las demás gentes».
16. Estas y otras muchas cosas que decía y ejecutaba fueron causa de que la pitonisa testificase de él tan ventajosamente, dando a Querefón aquel oráculo tan sabido de todos:
Sócrates es el sabio entre los hombres.Esto excitó contra él la envidia de muchos que se tenían también por sabios, infiriendo que el oráculo los declaraba ignorantes. Meleto y Ánito eran de éstos, como dice Platón en el diálogo Memnón. No podía Ánito sufrir que Sócrates se burlase de él, e incitó primeramente a Aristófanes contra él; después indujo a Meleto a que lo acusase de impío y corrompedor de la juventud. En efecto, Meleto lo acusó y dio la sentencia Polieucto, según dice Favorino en su Historia varia. Escribió la disertación acusatoria (16) el sofista Polícrates, como refiere Hermipo, o bien Ánito, según otros afirman; pero el orador Licón lo ordenó todo. Antístenes en las Sucesiones de los filósofos y Platón en la Apología dicen que los acusadores de Sócrates fueron tres, a saber: Ánito, Licón y Meleto. Que Ánito instaba en nombre de los artesanos y magistrados del pueblo; Licón por parte de los oradores, y Meleto por la de los poetas, a todos los cuales había reprendido Sócrates. Favorino en el libro II de sus Comentarios dice que no es de Polícrates la disertación contra Sócrates, puesto que en ella se hace mención de los muros de Atenas que restauró Conón; lo cual fue seis años después de la muerte de Sócrates, y así es la verdad.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
(14) φαύλος, malos, perversos, ímprobos, destemplados, malignos, imprudentes, ignorantes, etc.
(15) Tetradracma o tetradracmo era la cuarta parte de un dracma, y vendría a valer unos cuatro cuartos nuestros o medio real.
(16) La oración acusatoria.
(15) Tetradracma o tetradracmo era la cuarta parte de un dracma, y vendría a valer unos cuatro cuartos nuestros o medio real.
(16) La oración acusatoria.
Τετάρτη 30 Μαρτίου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 21
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10. La misma eficacia tenía para persuadir que para disuadir; de manera que, según dice Platón en un Discurso que pronunció sobre la ciencia, trocó a Teeteto de tal suerte, que lo hizo un hombre extraordinario (9). Queriendo Eutrifón acusar a su padre por haber muerto a un forastero que hospedaba, lo apartó Sócrates del intento por un discurso que hizo concerniente a la piedad. También hizo sobrio a Lisis con sus exhortaciones. Tenía un ingenio muy propio para formar sus discursos según las ocurrencias. Redujo con sus amonestaciones a su hijo Lamprocles a que respetase a su madre, con la cual se portaba duro e insolente, como refiere Jenofonte. Igualmente que removió a Glaucón, hermano de Platón, de meterse en el gobierno de la república según pretendía, para lo cual era inepto; y, por el contrario, indujo a Cármides a que se aplicase a él, conociendo era capaz de ejecutarlo.
11. Avivó el ánimo de Ifícrates, capitán de la república, mostrándole unos gallos del barbero Midas que reñían con los de Calias. Glaucónides lo tenía por tan digno de la ciudad como un faisán o pavo (10). Decía que «es cosa maravillosa que siendo fácil a cualquiera decir los bienes que posee, no puede decir ninguno los amigos que tiene»: tanta es la negligencia que hay en conocerlos. Viendo a Euclides muy solícito en litigios del foro, le dijo: «¡Oh Euclides!, podrás muy bien vivir con los sofistas, pero no con los hombres». Tenía por inútil y poco decente este género de estudio, como dice Platón en su Eutidemo. Habiéndole dado Cármides algunos criados que trabajasen en su provecho, no los admitió; y hay quien dice que menospreció la belleza de cuerpo de AIcibíades. Loaba el ocio como una de las mejores posesiones, según escribe Jenofonte en su Convite (11). También decía que «sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la ignorancia. Que las riquezas y la nobleza no contienen circunstancia recomendable; antes bien todos los males».
12. Habiéndole dicho uno que la madre de Antístenes fue de Tracia, respondió: «¿Pues creías tú que dos atenienses habían de procrear varón tan grande?» Propuso a Critón rescatase a Fedón que, hallándose cautivo, se veía obligado a ganar el sustento por medios indecentes. Salió, en efecto, de la esclavitud, y lo hizo un ilustre filósofo. Aprendía a tocar la lira cuando tenía oportunidad, diciendo no hay absurdo alguno en aprender cada cual aquello que ignora. Danzaba también con mucha frecuencia, teniendo este ejercicio por muy conducente para la salud del cuerpo, como lo dice Jenofonte en su Convite. Decía asimismo que un genio le revelaba las cosas venideras. «Que el empezar bien no era poco, sino cercano de lo poco. Que nada sabía excepto esto mismo: que nada sabía. Que los que compran a gran precio las frutas tempranas desconfían llegar al tiempo de la sazón de ellas.»
13. Preguntado una vez qué cosa es virtud en un joven, respondió: «El que no se exceda en nada». Decía que «se debe estudiar la geometría hasta que uno sepa recibir y dar tierra medida» (12). Habiendo Eurípides en la tragedia Auge dicho de la virtud
11. Avivó el ánimo de Ifícrates, capitán de la república, mostrándole unos gallos del barbero Midas que reñían con los de Calias. Glaucónides lo tenía por tan digno de la ciudad como un faisán o pavo (10). Decía que «es cosa maravillosa que siendo fácil a cualquiera decir los bienes que posee, no puede decir ninguno los amigos que tiene»: tanta es la negligencia que hay en conocerlos. Viendo a Euclides muy solícito en litigios del foro, le dijo: «¡Oh Euclides!, podrás muy bien vivir con los sofistas, pero no con los hombres». Tenía por inútil y poco decente este género de estudio, como dice Platón en su Eutidemo. Habiéndole dado Cármides algunos criados que trabajasen en su provecho, no los admitió; y hay quien dice que menospreció la belleza de cuerpo de AIcibíades. Loaba el ocio como una de las mejores posesiones, según escribe Jenofonte en su Convite (11). También decía que «sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la ignorancia. Que las riquezas y la nobleza no contienen circunstancia recomendable; antes bien todos los males».
12. Habiéndole dicho uno que la madre de Antístenes fue de Tracia, respondió: «¿Pues creías tú que dos atenienses habían de procrear varón tan grande?» Propuso a Critón rescatase a Fedón que, hallándose cautivo, se veía obligado a ganar el sustento por medios indecentes. Salió, en efecto, de la esclavitud, y lo hizo un ilustre filósofo. Aprendía a tocar la lira cuando tenía oportunidad, diciendo no hay absurdo alguno en aprender cada cual aquello que ignora. Danzaba también con mucha frecuencia, teniendo este ejercicio por muy conducente para la salud del cuerpo, como lo dice Jenofonte en su Convite. Decía asimismo que un genio le revelaba las cosas venideras. «Que el empezar bien no era poco, sino cercano de lo poco. Que nada sabía excepto esto mismo: que nada sabía. Que los que compran a gran precio las frutas tempranas desconfían llegar al tiempo de la sazón de ellas.»
13. Preguntado una vez qué cosa es virtud en un joven, respondió: «El que no se exceda en nada». Decía que «se debe estudiar la geometría hasta que uno sepa recibir y dar tierra medida» (12). Habiendo Eurípides en la tragedia Auge dicho de la virtud
que es acción valerosase levantó y se fue diciendo «era cosa ridícula tener por digno de ser buscado un esclavo cuando no se halla, y dejar perecer la virtud». Preguntado si era mejor casarse o no casarse, respondió: «Cualquiera de las dos cosas que hagas te arrepentirás». Decía que «le admiraba ver que los escultores procuraban saliese la piedra muy semejante al hombre, y descuidaban de procurar no parecerse a las piedras». Exhortaba a los jóvenes «a que se mirasen frecuentemente al espejo, a fin de hacerse dignos de la belleza, si la tenían; y si eran feos, para que disimulasen la fealdad con la sabiduría».
dejarla de repente y sin consejo,
(10) La frase griega es: ένθεσν αχέμψε , lo volvió divino, o deificado: ένδεος significa aquél en que está Dios.
(11) Como suele estimarse un ave rara y peregrina por la vista y aun por el sabor. - Kuhnio.
(12) Véase EIiano, lib. X, cap. XVI de su Varia historia, y Valerio Máximo, lib. VIII, cap. VIII, De otio laudato.
(13) Es decir, que esta disciplina y las demás deben encaminarse a la recta moral y justicia en los tratos; mas no quedarse en meras especulaciones, que las más veces son inútiles.
(11) Como suele estimarse un ave rara y peregrina por la vista y aun por el sabor. - Kuhnio.
(12) Véase EIiano, lib. X, cap. XVI de su Varia historia, y Valerio Máximo, lib. VIII, cap. VIII, De otio laudato.
(13) Es decir, que esta disciplina y las demás deben encaminarse a la recta moral y justicia en los tratos; mas no quedarse en meras especulaciones, que las más veces son inútiles.
Πέμπτη 10 Μαρτίου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 20
Sócrates y Jantipa
.9. Tenía ánimo para sufrir a cuantos lo molestaban y perseguían. Amaba la frugalidad en la mesa, y nunca pidió recompensa de sus servicios. Decía que «quien come con apetito, no necesita de viandas exquisitas; y el que bebe con gusto, no busca bebidas que no tiene a mano». Esto se puede ver aún en los poetas cómicos, los cuales lo alaban en lo mismo que presumen vituperado. Así habla de él Aristófanes:
Amipsias lo pinta con palio, y dice:
Por más hambre que tuviese, nunca pudo hacer de parásito. Cuánto aborrecía esta vergonzosa adulación lo testifica Aristófanes, diciendo:
Sin embargo, algunas veces se acomodaba al tiempo y vestía con más curiosidad, como hizo cuando fue a cenar con Agatón: así lo dice Platón en su Convite.
10. La misma eficacia tenía para persuadir que para disuadir; de manera que, según dice Platón en un Discurso que pronunció sobre la ciencia, trocó a Teeteto de tal suerte, que lo hizo un hombre extraordinario (8). Queriendo Eutrifón acusar a su padre por haber muerto a un forastero que hospedaba, lo apartó Sócrates del intento por un discurso que hizo concerniente a la piedad. También hizo sobrio a Lisis con sus exhortaciones. Tenía un ingenio muy propio para formar sus discursos según las ocurrencias. Redujo con sus amonestaciones a su hijo Lamprocles a que respetase a su madre, con la cual se portaba duro e insolente, como refiere Jenofonte. Igualmente que removió a Glaucón, hermano de Platón, de meterse en el gobierno de la república según pretendía, para lo cual era inepto; y, por el contrario, indujo a Cármides a que se aplicase a él, conociendo era capaz de ejecutarlo.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
(8) La frase griega es: ένθεσν αχέμψε , lo volvió divino, o deificado: ένδεος significa aquél en que está Dios.
¡Oh tú, justo amador de la sapiencia,Y luego:
cuán felice serás con los de Atenas,
y entre los otros griegos cuán felice!
Si memoria y prudencia no te faltan,
y en las calamidades sufrimiento,
no te fatigarás si en pie estuvieres,
sentado, o caminando.
Tú no temes el frío ni la hambre,
abstiéneste del vino y de la gula,
con otras mil inútiles inepcias.
Amipsias lo pinta con palio, y dice:
¡Oh Sócrates, muy bueno entre los pocos,
y todo vanidad entre los muchos!
¡Finalmente, aquí vienes y nos sufres!
Ese grosero manto
¿de dónde lo tomaste?
Esa incomodidad seguramente
nació de la malicia del ropero.
Por más hambre que tuviese, nunca pudo hacer de parásito. Cuánto aborrecía esta vergonzosa adulación lo testifica Aristófanes, diciendo:
Lleno de vanidad las calles andas,
rodeando la vista a todas partes.
Caminando descalzo, y padeciendo
trabajos sin cesar, muestras no obstante
siempre de gravedad cubierto el rostro.
Sin embargo, algunas veces se acomodaba al tiempo y vestía con más curiosidad, como hizo cuando fue a cenar con Agatón: así lo dice Platón en su Convite.
10. La misma eficacia tenía para persuadir que para disuadir; de manera que, según dice Platón en un Discurso que pronunció sobre la ciencia, trocó a Teeteto de tal suerte, que lo hizo un hombre extraordinario (8). Queriendo Eutrifón acusar a su padre por haber muerto a un forastero que hospedaba, lo apartó Sócrates del intento por un discurso que hizo concerniente a la piedad. También hizo sobrio a Lisis con sus exhortaciones. Tenía un ingenio muy propio para formar sus discursos según las ocurrencias. Redujo con sus amonestaciones a su hijo Lamprocles a que respetase a su madre, con la cual se portaba duro e insolente, como refiere Jenofonte. Igualmente que removió a Glaucón, hermano de Platón, de meterse en el gobierno de la república según pretendía, para lo cual era inepto; y, por el contrario, indujo a Cármides a que se aplicase a él, conociendo era capaz de ejecutarlo.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
(8) La frase griega es: ένθεσν αχέμψε , lo volvió divino, o deificado: ένδεος significa aquél en que está Dios.
Κυριακή 20 Φεβρουαρίου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 19
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Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
(6) Πυθώδε, o Πυθώθε, es adverbio que significa Delphis, en Delfos.
(7) Véase sobre esto Ateneo, lib. XIII, poco después del principio.
6. Ion Quío dice que Sócrates en su juventud estuvo en Samos con Arquelao. Aristóteles escribe que también peregrinó a Delfos (6). Y Favorino afirma en el libro primero de sus Comentarios que también estuvo en el Istmo. Era de un ánimo constante y republicano: consta principalmente que habiendo mandado Cricias y demás jueces traer a Leonte de Salamina, hombre opulento, para quitarle la vida, nunca Sócrates convino en ello; y de los diez capitanes de la armada fue él solo quien absolvió a Leonte. Hallándose ya encarcelado, y pudiendo huir e irse adonde quisiese, no quiso ejecutarlo, ni atender al llanto de sus amigos que se lo rogaban; antes les reprendió, y les hizo varios razonamientos llenos de sabiduría.
7. Era parco y honesto. Pánfila escribe en el libro VII de sus Comentarios que habiéndole Alcibíades dado una área muy espaciosa para construir una casa, le dijo: «Si yo tuviese necesidad de zapatos, ¿me darías todo un cuero para que me los hiciese? Luego ridículo sería si yo la admitiese». Viendo frecuentemente las muchas cosas que se venden en público, decía para sí mismo: «¡Cuánto hay que no necesito!» Repetía a menudo aquellos yambos:
8. Aristóteles escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda Mirto, hija de Arístides el Justo (7), a la que recibió indotada y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menéxeno. Algunos quieren casase primero con Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este sentir son Sátiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con otra mujer; y que Sócrates lo ejecutó así.
7. Era parco y honesto. Pánfila escribe en el libro VII de sus Comentarios que habiéndole Alcibíades dado una área muy espaciosa para construir una casa, le dijo: «Si yo tuviese necesidad de zapatos, ¿me darías todo un cuero para que me los hiciese? Luego ridículo sería si yo la admitiese». Viendo frecuentemente las muchas cosas que se venden en público, decía para sí mismo: «¡Cuánto hay que no necesito!» Repetía a menudo aquellos yambos:
Las alhajas de plata,Menospreció generosamente a Arquelao Macedón, a Escopas Cranonio y a Eurilo Lariseo; pues ni admitió el dinero que le regalaban, ni quiso ir a vivir con ellos. Tanta era su templanza en la comida, que habiendo habido muchas veces peste en Atenas, nunca se le pegó el contagio.
de púrpura las ropas,
útiles podrán ser en las tragedias;
pero de nada sirven a la vida.
8. Aristóteles escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda Mirto, hija de Arístides el Justo (7), a la que recibió indotada y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menéxeno. Algunos quieren casase primero con Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este sentir son Sátiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con otra mujer; y que Sócrates lo ejecutó así.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
(6) Πυθώδε, o Πυθώθε, es adverbio que significa Delphis, en Delfos.
(7) Véase sobre esto Ateneo, lib. XIII, poco después del principio.
Κυριακή 30 Ιανουαρίου 2011
ΣΩΚΡΑΤΗΣ 18
3. Aristoxenes, hijo de Espíntaro, dice que era muy cuidadoso en juntar dinero; que dándolo a usura,lo recobraba con el aumento, y reservado éste,daba nuevamente el capital a ganancias. Según Demetrio Bizantino dice, Critón lo sacó del taller, y se aplicó a instruirlo, prendado de su talento y espíritu. Conociendo que la especulación de la Naturaleza noes lo que más nos importa, comenzó a tratar de la Filosofía moral, ya en las oficinas, ya en el foro; exhortando a iodos a que inquiriesen
qué mal o bien tenían en sus casas.
Muchas veces, a excesos de vehemencia en el decir, solía darse de coscorrones, y aun arrancarse los cabello, de manera que muchos reían de él y lo menospreciaban; pero él lo sufría todo con paciencia. Habiéndole uno dado un puntillón, dijo a los que se admiraban de su sufrimiento: «Pues si un asno me hubiese dado una coz, ¿había yo de citarlo ante la justicia?» Hasta aquí Demetrio.
4. No tuvo necesidad de peregrinar como otros, sino cuando así lo pidieron las guerras. Fuera de esto, siempre estuvo en un lugar mismo, disputando con sus amigos, no tanto para rebatir sus opiniones, cuanto para indagar la verdad. Dicen que, habiéndole dado a leer Eurípides un escrito de Heráclito, como le preguntase qué le parecía, respondió: «Lo que he entendido es muy bueno, y juzgo lo será también lo que no he entendido; pero necesita un nadador delio». Tenía mucho cuidado de ejercitar su cuerpo, el cual era de muy buena constitución.
5. Militó en la expedición de Anfípolis; y dada la batalla junto a Delio, libró a Jenofonte, que había caído del caballo. Huían todos los atenienses, mas él se retiraba a paso lento, mirando frecuentemente con disimulo hacia atrás, para defenderse de cualquiera que intentase acometerlo. También se halló en la expedición naval de Potidea, no pudiendo ejecutarse por tierra en aquellas circunstancias. En esta ocasión, dice estuvo toda una noche en una situación misma. Peleó valerosamente, y consiguió la victoria; pero la cedió voluntariamente a Alcibíades, a quien amaba mucho, corno dice Arístipo en el libro IV De las delicias antiguas.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
4. No tuvo necesidad de peregrinar como otros, sino cuando así lo pidieron las guerras. Fuera de esto, siempre estuvo en un lugar mismo, disputando con sus amigos, no tanto para rebatir sus opiniones, cuanto para indagar la verdad. Dicen que, habiéndole dado a leer Eurípides un escrito de Heráclito, como le preguntase qué le parecía, respondió: «Lo que he entendido es muy bueno, y juzgo lo será también lo que no he entendido; pero necesita un nadador delio». Tenía mucho cuidado de ejercitar su cuerpo, el cual era de muy buena constitución.
5. Militó en la expedición de Anfípolis; y dada la batalla junto a Delio, libró a Jenofonte, que había caído del caballo. Huían todos los atenienses, mas él se retiraba a paso lento, mirando frecuentemente con disimulo hacia atrás, para defenderse de cualquiera que intentase acometerlo. También se halló en la expedición naval de Potidea, no pudiendo ejecutarse por tierra en aquellas circunstancias. En esta ocasión, dice estuvo toda una noche en una situación misma. Peleó valerosamente, y consiguió la victoria; pero la cedió voluntariamente a Alcibíades, a quien amaba mucho, corno dice Arístipo en el libro IV De las delicias antiguas.
Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates
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