Τρίτη 10 Μαΐου 2011

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 23


17. La acusación jurada, y que, según Favorino, todavía se conserva en el Metroo (18),fue como sé sigue: «Melito Piteense, hijo de Melito, acusó a Sócrates Alopecense, hijo de Sofronisco, de los delitos siguientes: Sócrates quebranta las leyes, negando la existencia de los dioses que la ciudad tiene recibidos, e introduciendo otros nuevos; yobra contra las mismas leyes corrompiendo la juventud. La pena debida es la muerte».

18. Habiéndole leído Lisias una apología que había escrito en su defensa, respondió: «La pieza es buena, Lisias; pero no me conviene a mí» (19). Efectivamente, ella era másuna defensa jurídica que filosófica (20). Preguntándole, pues, Lisias por qué no leconvenía la oración, supuesto que era buena, respondió: «¿Pues no puede haber vestidos y calzares ricos, y a mí no venirme bien?» Justo Tiberiense cuenta en su Crónica que cuando se ventilaba la causa de Sócrates subió Platón al púlpito del tribunal, y que habiendo empezado a decir así: «Siendo yo, oh atenienses, el más joven de los que a este lugar subieron...», fue interrumpido por los jueces, diciendo: «Bajaron, bajaron»; significándole por esto que bajase de allí. Fue, pues, condenado por doscientos ochenta y un votos más de los que lo absolvían; y estando deliberando los jueces sobre si convendría más quitarle la vida a imponerle multa, dijo daría veinticinco dracmas. Eubulides, dice que prometió ciento. Pero viendo desacordes y alborotadores a los jueces, dijo: «Yo juzgo que la pena a que debo ser condenado por mis operaciones es que se me mantenga del público en el Pritaneo» (21). Oído lo cual, se agregaron ochenta votos a los primeros, y lo condenaron a muerte. Prendieronlo luego, y no muchos días después bebió la cicuta, una vez acabado un sabio y elocuente discurso que trae Platón en su Fedón.

18 Era un templo de Atenas, dedicado a la Gran Madre de los dioses. Podrá verse acerca de él Juan Meursio.
19 Véase Cicerón, lib. I, De oratore; Valerio Máximo, 6, 4, número 2, in extern.
20 Esto es, se reducía toda a súplicas y ruegos, confesando haber errado en la doctrina, proponiendo enmendarse o retractase de ello, dando la razón a los acusadores, etc.
21 El Pritaneo era un edificio ilustre y suntuoso en el alcázar de Atenas, en el cual no sólo se juntaba el Senado cuando quería, sino que también eran allí mantenidos por la patria los que le habían hecho algún servicio señalado.

Σάββατο 30 Απριλίου 2011

François-André Vincent (Francia, 1746-1816):
Alcibíades y Sócrates

Παρασκευή 22 Απριλίου 2011

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 22

14. Habiendo convidado a cenar a ciertas personas ricas, como Jantipa tuviese rubor de la cortedad de la cena, la dijo: «No le aflijas, mujer; pues si ellos son parcos lo sufrirán, y si comilones (14) nada nos importa». Decía que «otros hombres vivían para comer; pero él comía para vivir. Que quien alaba al pueblo bajo se parece a uno que reprobase un tetradracmo (15) y recibiese por legítimos muchos de ellos». Habiéndole dicho Esquines: soy pobre; nada más tengo que mi persona, me doy todo a vos, respondió: «¿Has advertido cuán grande es la dádiva que me haces?» A uno que estaba indignado por hallarse sin autoridad, habiéndole usurpado el mando los treinta tiranos, le dijo: «¿Y qué es lo que en esto te aflige? Que los atenienses, respondió, te han condenado a muerte. Y la Naturaleza a ellos», repuso Sócrates. Algunos atribuyen esto a Anaxágoras. A su mujer, que le decía que moriría injustamente, le respondió: «¿Quisieras acaso tú que mi muerte fuese justa?»

Habiendo soñado que uno le decía:
Tú dentro de tres días
a la glebosa Ftía harás pasaje,
dijo a Esquines que «pasados tres días moriría». Estando para beber la cicuta, le trajo Apolodoro un palio muy precioso para que muriese con este adorno, y le dijo Sócrates: «Pues si el mío ha sido bueno para mí en vida, ¿por qué no lo será en muerte?» Habiéndole uno dicho que otro hablaba mal de él, respondió: «Ése no aprendió a hablar bien». Como Antístenes llevase siempre a la vista la parte más rasgada de su palio, le dijo: «Veo por esas aberturas tu vanagloria». A uno que le dijo: «¿No está aquél hablando mal de ti?», respondió: «No, por cierto: nada me toca de cuanto dice». Decía que «conviene exponerse voluntariamente a la censura de los poetas cómicos; pues si dicen la verdad nos corregiremos, y si no nada nos toca su dicho».

15. Habiéndole injuriado de palabras una vez su mujer Jantipa, y después arrojádole agua encima, respondió: «¿No dije yo que cuando Jantipa tronaba ella llovería?» A Alcibíades, que le decía no era tolerable la maledicencia de Jantipa, respondió: «Yo estoy tan acostumbrado a ello como a oír a cada momento el estridor de la polea; y tú también toleras los graznidos de los ánsares». Replicando Alcibíades que los ánsares le ponían huevos y educaban otros ánsares, le dijo: «También a mí me pare hijos Jantipa». Quitóle ésta en una ocasión el palio en el foro, y como los familiares instasen a Sócrates a que castigase la injuria, respondió: «Pardiez, que sería una bella cosa que nosotros riñésemos y vosotros clamaseis: No más Sócrates, no más Jantipa». Decía que «con la mujer áspera se debe tratar como hacen con los caballos falsos y mal seguros los que los manejan; pues así como éstos, habiéndolos domado, usan con más facilidad de los leales, así también yo después de sufrir a Jantipa me es más fácil el comercio con todas las demás gentes».

16. Estas y otras muchas cosas que decía y ejecutaba fueron causa de que la pitonisa testificase de él tan ventajosamente, dando a Querefón aquel oráculo tan sabido de todos:
Sócrates es el sabio entre los hombres.
Esto excitó contra él la envidia de muchos que se tenían también por sabios, infiriendo que el oráculo los declaraba ignorantes. Meleto y Ánito eran de éstos, como dice Platón en el diálogo Memnón. No podía Ánito sufrir que Sócrates se burlase de él, e incitó primeramente a Aristófanes contra él; después indujo a Meleto a que lo acusase de impío y corrompedor de la juventud. En efecto, Meleto lo acusó y dio la sentencia Polieucto, según dice Favorino en su Historia varia. Escribió la disertación acusatoria (16) el sofista Polícrates, como refiere Hermipo, o bien Ánito, según otros afirman; pero el orador Licón lo ordenó todo. Antístenes en las Sucesiones de los filósofos y Platón en la Apología dicen que los acusadores de Sócrates fueron tres, a saber: Ánito, Licón y Meleto. Que Ánito instaba en nombre de los artesanos y magistrados del pueblo; Licón por parte de los oradores, y Meleto por la de los poetas, a todos los cuales había reprendido Sócrates. Favorino en el libro II de sus Comentarios dice que no es de Polícrates la disertación contra Sócrates, puesto que en ella se hace mención de los muros de Atenas que restauró Conón; lo cual fue seis años después de la muerte de Sócrates, y así es la verdad.

Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates

(14) φαύλος, malos, perversos, ímprobos, destemplados, malignos, imprudentes, ignorantes, etc.
(15) Tetradracma o tetradracmo era la cuarta parte de un dracma, y vendría a valer unos cuatro cuartos nuestros o medio real.
(16) La oración acusatoria.

Κυριακή 10 Απριλίου 2011

Sócrates y Diotima
Pompeya, siglo I a.C.

Τετάρτη 30 Μαρτίου 2011

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 21

Jean André Castaigne (Francia, 1861-1929): Sócrates en Atenas
.
10. La misma eficacia tenía para persuadir que para disuadir; de manera que, según dice Platón en un Discurso que pronunció sobre la ciencia, trocó a Teeteto de tal suerte, que lo hizo un hombre extraordinario (9). Queriendo Eutrifón acusar a su padre por haber muerto a un forastero que hospedaba, lo apartó Sócrates del intento por un discurso que hizo concerniente a la piedad. También hizo sobrio a Lisis con sus exhortaciones. Tenía un ingenio muy propio para formar sus discursos según las ocurrencias. Redujo con sus amonestaciones a su hijo Lamprocles a que respetase a su madre, con la cual se portaba duro e insolente, como refiere Jenofonte. Igualmente que removió a Glaucón, hermano de Platón, de meterse en el gobierno de la república según pretendía, para lo cual era inepto; y, por el contrario, indujo a Cármides a que se aplicase a él, conociendo era capaz de ejecutarlo.

11. Avivó el ánimo de Ifícrates, capitán de la república, mostrándole unos gallos del barbero Midas que reñían con los de Calias. Glaucónides lo tenía por tan digno de la ciudad como un faisán o pavo (10). Decía que «es cosa maravillosa que siendo fácil a cualquiera decir los bienes que posee, no puede decir ninguno los amigos que tiene»: tanta es la negligencia que hay en conocerlos. Viendo a Euclides muy solícito en litigios del foro, le dijo: «¡Oh Euclides!, podrás muy bien vivir con los sofistas, pero no con los hombres». Tenía por inútil y poco decente este género de estudio, como dice Platón en su Eutidemo. Habiéndole dado Cármides algunos criados que trabajasen en su provecho, no los admitió; y hay quien dice que menospreció la belleza de cuerpo de AIcibíades. Loaba el ocio como una de las mejores posesiones, según escribe Jenofonte en su Convite (11). También decía que «sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la ignorancia. Que las riquezas y la nobleza no contienen circunstancia recomendable; antes bien todos los males».

12. Habiéndole dicho uno que la madre de Antístenes fue de Tracia, respondió: «¿Pues creías tú que dos atenienses habían de procrear varón tan grande?» Propuso a Critón rescatase a Fedón que, hallándose cautivo, se veía obligado a ganar el sustento por medios indecentes. Salió, en efecto, de la esclavitud, y lo hizo un ilustre filósofo. Aprendía a tocar la lira cuando tenía oportunidad, diciendo no hay absurdo alguno en aprender cada cual aquello que ignora. Danzaba también con mucha frecuencia, teniendo este ejercicio por muy conducente para la salud del cuerpo, como lo dice Jenofonte en su Convite. Decía asimismo que un genio le revelaba las cosas venideras. «Que el empezar bien no era poco, sino cercano de lo poco. Que nada sabía excepto esto mismo: que nada sabía. Que los que compran a gran precio las frutas tempranas desconfían llegar al tiempo de la sazón de ellas.»

13. Preguntado una vez qué cosa es virtud en un joven, respondió: «El que no se exceda en nada». Decía que «se debe estudiar la geometría hasta que uno sepa recibir y dar tierra medida» (12). Habiendo Eurípides en la tragedia Auge dicho de la virtud

que es acción valerosa
dejarla de repente y sin consejo
,
se levantó y se fue diciendo «era cosa ridícula tener por digno de ser buscado un esclavo cuando no se halla, y dejar perecer la virtud». Preguntado si era mejor casarse o no casarse, respondió: «Cualquiera de las dos cosas que hagas te arrepentirás». Decía que «le admiraba ver que los escultores procuraban saliese la piedra muy semejante al hombre, y descuidaban de procurar no parecerse a las piedras». Exhortaba a los jóvenes «a que se mirasen frecuentemente al espejo, a fin de hacerse dignos de la belleza, si la tenían; y si eran feos, para que disimulasen la fealdad con la sabiduría».

(10) La frase griega es: ένθεσν αχέμψε , lo volvió divino, o deificado: ένδεος significa aquél en que está Dios.
(11) Como suele estimarse un ave rara y peregrina por la vista y aun por el sabor. - Kuhnio.
(12) Véase EIiano, lib. X, cap. XVI de su Varia historia, y Valerio Máximo, lib. VIII, cap. VIII, De otio laudato.
(13) Es decir, que esta disciplina y las demás deben encaminarse a la recta moral y justicia en los tratos; mas no quedarse en meras especulaciones, que las más veces son inútiles.

Κυριακή 20 Μαρτίου 2011

Honore Daumier (Francia, 1808 – 1879):
Sócrates visitando a Aspasia

Πέμπτη 10 Μαρτίου 2011

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 20

Kristian Zahrtman (Dinamarca, 1843-1917):
Sócrates y Jantipa
.
9. Tenía ánimo para sufrir a cuantos lo molestaban y perseguían. Amaba la frugalidad en la mesa, y nunca pidió recompensa de sus servicios. Decía que «quien come con apetito, no necesita de viandas exquisitas; y el que bebe con gusto, no busca bebidas que no tiene a mano». Esto se puede ver aún en los poetas cómicos, los cuales lo alaban en lo mismo que presumen vituperado. Así habla de él Aristófanes:

¡Oh tú, justo amador de la sapiencia,
cuán felice serás con los de Atenas,
y entre los otros griegos cuán felice!
Y luego:

Si memoria y prudencia no te faltan,
y en las calamidades sufrimiento,
no te fatigarás si en pie estuvieres,
sentado, o caminando.
Tú no temes el frío ni la hambre,
abstiéneste del vino y de la gula,
con otras mil inútiles inepcias.

Amipsias lo pinta con palio, y dice:

¡Oh Sócrates, muy bueno entre los pocos,
y todo vanidad entre los muchos!
¡Finalmente, aquí vienes y nos sufres!
Ese grosero manto
¿de dónde lo tomaste?
Esa incomodidad seguramente
nació de la malicia del ropero.

Por más hambre que tuviese, nunca pudo hacer de parásito. Cuánto aborrecía esta vergonzosa adulación lo testifica Aristófanes, diciendo:

Lleno de vanidad las calles andas,
rodeando la vista a todas partes.
Caminando descalzo, y padeciendo
trabajos sin cesar, muestras no obstante
siempre de gravedad cubierto el rostro.

Sin embargo, algunas veces se acomodaba al tiempo y vestía con más curiosidad, como hizo cuando fue a cenar con Agatón: así lo dice Platón en su Convite.

10. La misma eficacia tenía para persuadir que para disuadir; de manera que, según dice Platón en un Discurso que pronunció sobre la ciencia, trocó a Teeteto de tal suerte, que lo hizo un hombre extraordinario (8). Queriendo Eutrifón acusar a su padre por haber muerto a un forastero que hospedaba, lo apartó Sócrates del intento por un discurso que hizo concerniente a la piedad. También hizo sobrio a Lisis con sus exhortaciones. Tenía un ingenio muy propio para formar sus discursos según las ocurrencias. Redujo con sus amonestaciones a su hijo Lamprocles a que respetase a su madre, con la cual se portaba duro e insolente, como refiere Jenofonte. Igualmente que removió a Glaucón, hermano de Platón, de meterse en el gobierno de la república según pretendía, para lo cual era inepto; y, por el contrario, indujo a Cármides a que se aplicase a él, conociendo era capaz de ejecutarlo.

Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates


(8) La frase griega es: ένθεσν αχέμψε , lo volvió divino, o deificado: ένδεος significa aquél en que está Dios.

Δευτέρα 28 Φεβρουαρίου 2011

Otho Vaenius / Otto van Veen (Bélgica, 1557-1626):
Jantipa vaciando un orinal sobre Sócrates

Κυριακή 20 Φεβρουαρίου 2011

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 19

Reyer Jacobsz van Blommendael (Países Bajos, 1628 – 1675):
Sócrates, sus dos mujeres y Alcibíades
.
6. Ion Quío dice que Sócrates en su juventud estuvo en Samos con Arquelao. Aristóteles escribe que también peregrinó a Delfos (6). Y Favorino afirma en el libro primero de sus Comentarios que también estuvo en el Istmo. Era de un ánimo constante y republicano: consta principalmente que habiendo mandado Cricias y demás jueces traer a Leonte de Salamina, hombre opulento, para quitarle la vida, nunca Sócrates convino en ello; y de los diez capitanes de la armada fue él solo quien absolvió a Leonte. Hallándose ya encarcelado, y pudiendo huir e irse adonde quisiese, no quiso ejecutarlo, ni atender al llanto de sus amigos que se lo rogaban; antes les reprendió, y les hizo varios razonamientos llenos de sabiduría.

7. Era parco y honesto. Pánfila escribe en el libro VII de sus Comentarios que habiéndole Alcibíades dado una área muy espaciosa para construir una casa, le dijo: «Si yo tuviese necesidad de zapatos, ¿me darías todo un cuero para que me los hiciese? Luego ridículo sería si yo la admitiese». Viendo frecuentemente las muchas cosas que se venden en público, decía para sí mismo: «¡Cuánto hay que no necesito!» Repetía a menudo aquellos yambos:

Las alhajas de plata,
de púrpura las ropas,
útiles podrán ser en las tragedias;
pero de nada sirven a la vida.
Menospreció generosamente a Arquelao Macedón, a Escopas Cranonio y a Eurilo Lariseo; pues ni admitió el dinero que le regalaban, ni quiso ir a vivir con ellos. Tanta era su templanza en la comida, que habiendo habido muchas veces peste en Atenas, nunca se le pegó el contagio.

8. Aristóteles escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera Jantipa, de la cual hubo a Lamprocle; la segunda Mirto, hija de Arístides el Justo (7), a la que recibió indotada y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menéxeno. Algunos quieren casase primero con Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este sentir son Sátiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con otra mujer; y que Sócrates lo ejecutó así.

Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates

(6) Πυθώδε, o Πυθώθε, es adverbio que significa Delphis, en Delfos.
(7) Véase sobre esto Ateneo, lib. XIII, poco después del principio.

Πέμπτη 10 Φεβρουαρίου 2011

Antonio Canova (Italia, 1757-1822):
Sócrates defiende a Alicíades en Potidea

Κυριακή 30 Ιανουαρίου 2011

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 18


3. Aristoxenes, hijo de Espíntaro, dice que era muy cuidadoso en juntar dinero; que dándolo a usura,lo recobraba con el aumento, y reservado éste,daba nuevamente el capital a ganancias. Según Demetrio Bizantino dice, Critón lo sacó del taller, y se aplicó a instruirlo, prendado de su talento y espíritu. Conociendo que la especulación de la Naturaleza noes lo que más nos importa, comenzó a tratar de la Filosofía moral, ya en las oficinas, ya en el foro; exhortando a iodos a que inquiriesen
qué mal o bien tenían en sus casas.
Muchas veces, a excesos de vehemencia en el decir, solía darse de coscorrones, y aun arrancarse los cabello, de manera que muchos reían de él y lo menospreciaban; pero él lo sufría todo con paciencia. Habiéndole uno dado un puntillón, dijo a los que se admiraban de su sufrimiento: «Pues si un asno me hubiese dado una coz, ¿había yo de citarlo ante la justicia?» Hasta aquí Demetrio.

4. No tuvo necesidad de peregrinar como otros, sino cuando así lo pidieron las guerras. Fuera de esto, siempre estuvo en un lugar mismo, disputando con sus amigos, no tanto para rebatir sus opiniones, cuanto para indagar la verdad. Dicen que, habiéndole dado a leer Eurípides un escrito de Heráclito, como le preguntase qué le parecía, respondió: «Lo que he entendido es muy bueno, y juzgo lo será también lo que no he entendido; pero necesita un nadador delio». Tenía mucho cuidado de ejercitar su cuerpo, el cual era de muy buena constitución.

5. Militó en la expedición de Anfípolis; y dada la batalla junto a Delio, libró a Jenofonte, que había caído del caballo. Huían todos los atenienses, mas él se retiraba a paso lento, mirando frecuentemente con disimulo hacia atrás, para defenderse de cualquiera que intentase acometerlo. También se halló en la expedición naval de Potidea, no pudiendo ejecutarse por tierra en aquellas circunstancias. En esta ocasión, dice estuvo toda una noche en una situación misma. Peleó valerosamente, y consiguió la victoria; pero la cedió voluntariamente a Alcibíades, a quien amaba mucho, corno dice Arístipo en el libro IV De las delicias antiguas.

Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates

Πέμπτη 20 Ιανουαρίου 2011

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 17


1. Sócrates fue hijo de Sofronisco, cantero de profesión, y de Fenáreta, obstetriz, como lo dice Platón en el diálogo intitulado Teeteto. Nació en Alopeca, pueblo de Ática. Hubo quien creyó que Sócrates ayudaba a Eurípides en la composición de sus tragedias, por lo cual dice Mnesíloco:
Los Frigios drama es nuevo
de Eurípides, y consta
que a Sócrates se debe (1).
Y después:
De Sócrates los clavos
corroboran de Eurípides los dramas.
Igualmente Calias en la comedia Los cautivos dice:
Tú te engríes, y estás desvanecido:
pero puedo decirte
que a Sócrates se debe todo eso.
Y Aristófanes en la comedia Las nubes, escribe:
Y Eurípides famoso,
que tragedias compone,
lo hace con el auxilio
de ese que habla de todo:
así le salen útiles y sabias.

2. Habiendo sido discípulo de Anaxágoras, como aseguran algunos, y de Damón, según dice Alejandro en las Sucesiones, después de la condenación de aquél se pasó a Arquelao Físico, el cual usó de él deshonestamente, como afirma Aristóxenes (2). Duris dice que se puso a servir y que fue escultor en mármoles: y aseguran muchos que las Gracias vestidas que están en la Roca (3) son de su mano. De donde dice Timón en sus Sátiras:

De estas Gracias provino
el cortador de piedras;
el parlador de leyes,
oráculo de Grecia.
Aquel sabio aparente y simulado,
burlador, y orador semiateniense.
En la oratoria era vehementísimo, como dice Idomeneo; pero los treinta tiranos (4) le prohibieron enseñarla, según refiere Jenofonte. También lo moteja Aristófanes porque hacía buenas las causas malas (5). Según Favorino en su Historia varia, fue el primero que con Esquines, su discípulo, enseñó la retórica: lo que confirma Idomeneo en su Tratado de los discípulos de Sócrates. Fue también el primero que trató la moral, y el primero de los filósofos que murió condenado por la justicia.

Diógenes Laercio: Vida de los filósofos más ilustres. Sócrates

(1) La frase griega es: «Los Frigios es nuevo drama de Eurípides, a quien Sócrates puso la leña debajo.»
(2) Οϋ χαϊ παιδιχά γενέυθαι.
(3) Es la fortaleza o alcázar de Atenas, tan celebrada en toda la antigüedad; y de cuya magnificencia todavía conserva vestigios.
(4) Estos treinta pretores fueron creados en la Olimpiada XCIV, cuyo poder al principio no se extendía a más que a elegir el Senado; pero después pasaron a tiranizar a Atenas. Muchos autores griegos, cuando los nombran, no dicen más que los treinta.
(5) Aristófanes en sus Nubes, v. 115.

Δευτέρα 10 Ιανουαρίου 2011

Américo Castro (Brasil, 1843-1903):
Sócrates apartando a Alcibíades del Vicio

Πέμπτη 30 Δεκεμβρίου 2010

José de Ribera (España, 1591-1952): Filósofo con espejo

Δευτέρα 20 Δεκεμβρίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 16

Salvator Rosa (Italia, 1615-1673)
Sócrates es un poco de todos nosotros, que desde hace veinticico siglos vamos naciendo con unos acordes socráticos dentro de la armonía equívoca de nuestro espíritu.

Ortega y Gasset: Obras completas, vol.I (1946)

Παρασκευή 10 Δεκεμβρίου 2010

Pietro della Vecchia (Italia, 1603 – 1678):
Sócrates y dos alumnos

Τρίτη 30 Νοεμβρίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 15

Antonio Canova (Italia, 1757-1822): Sócrates y Filosofía
.
Sócrates fue una especie de santo alegre, con una jovialidad de pagano antiguo, que no se fundaba en ninguna gran seguridad. Se daba muy bien cuenta de que no cabía transformar en sistemático su pensamiento, ni convertir en rígida su alada paradoja, pues ello envolvía los mayores peligros para el complejo maternal a que se sentía vinculado. Su sonrisa interrogativa era como una permanente vigilancia contra todo intento de aprisionador sistema. En vísperas de la crisis definitiva, era esta sonrisa la que guardaba la vieja salud espiritual, de la que gozaba de exceso.
Él es todo lo contrario de aquellos filósofos energuménicos que se disfrazaban de figura infernal para vigilar, como encargados del averno, a los criminales, o bien se mostraban al mundo vestidos con una montera de pastor, una túnica talar oscura con faja de púrpura y coturno teatral. Él a diferencia de estos histriones filosóficos, no quiso pontificar ni definir, ni dar normas ni dogmatizar sobre conductas. Sabía que eso era contribuir a que el mundo tomase caminos de esterilidad, de intervención en los más delicados resortes del querer humano.
En Sócrates había una sencilla convivencia con sus paisanos, y no sentimos ningún abismo que le separe de sus contemporáneos.
Sócrates, ciudadano; Sócrates, amigo; Sócrates, conversador; Sócrates, preguntón, Sócrates, callejero y sencillo, es lo contrario de lo que van a ser ya después de él los filósofos. Afectados, falsos, pedantes, orgullosos, destructores, disconformes, críticos enfrentados con los dioses, dadores de falsas seguridades, los filósofos profesionales son quienes hacen más antipáticos los finales de la cultura antigua. Bajo su mano termina por agostarse todo, y cogen y aprietan con sus manos por los tallos el ramo de rosas de la cultura antigua hasta marchitarte la frescura.
Lo que hay en la antigüedad tardía de sequedad, de antihomérico, lo que le falta de fuerza creadora y generosa, de riqueza renovada y poética, lo hemos de poner a cargo de los filósofos de oficio, de los que se adscribían cerradamente a un sistema y se resignaban a vivir emparedados en él y a contemplar por un miserable ventanuco toda la maravilla del mundo.

Antonio Tovar: Vida de Sócrates (Alianza Universidad, 1984)

Σάββατο 20 Νοεμβρίου 2010

Johannes Grützke (Alemania, 1937 - )

Τετάρτη 10 Νοεμβρίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 14

Benjamin West (EEUU, 1738 - 1820):
La muerte de Sócrates
.
DESPUES DE LA MUERTE DE SÓCRATES
Lo más terrible de la muerte de Sócrates es que Atenas continuó su marcha como si nada hubiera sucedido. La misma fatalidad que guiaba su evolución desde la religiosidad hacia el racionalismo y desde lo fecundo y genial hasta la esterilidad, siguió dominando todopoderosa después del asesinato o error judicial; y ni el discípulo más genial, Platón, se atrevió a arrostrarla como Sócrates, pues por el contrario se dejo llevar por la creciente marea racional e intentó nada menos que gobernar este mundo.
Sócrates murió, y ni la tierra tembló ni se oscureció el sol, y la razón se siguió haciendo, a pesar de la terrible conciencia que a él le llevó a arrostrar la muerte, la dueña de los secretos de la vitalidad helénica.
Son falsos los cuentos que los fieles discipulos soñaron tal vez, y más tarde la tradición filosófica procuró recoger. Se nos ha dicho que los atenienses se arrepintieron en seguida, y que el luto llegó a cerrar las palestras y gimnasios, aquellos recintos donde habían resonado tantos diálogos del maestro. Desde luego que el fracaso íntimo de la restauración democrática en sus objetivos religiosos dejó muy pronto al descubierto lo incomprensible de la muerte de Sócrates.
Ante una injusticia tan grande, se daba expresión con esas historias al afán de venganza de la muerte de Sócrates. Así surge la leyenda de que los atenienses condenaron a muerte o desterraron a los acusadores, arrepentidos de su decisión, y en cuanto a Meleto, hasta se llegó a decir que le condenaron a muerte.
Estas fantasías son tanto más explicables cuanto que ya en Jenofonte se interpreta tendenciosamente el mal fin del hijo de Anito, como si fuera una especie de castigo por la iniquidad que cometió el padre del joven contra Sócrates y Antistenes por su parte, convertido en el vengador oficial de su maestro y contra el que se centran los tiros de los restauradores pronuncia una frase que debió impresionar: «Las ciudades perecen cuando no saben distinguir los buenos de los malos
Un paso más en las historias vengativas, y surge la de que los de Heraclea expulsaron de su ciudad a Anito el mismo día que llegó. Era como una maldicíón que perseguía a los culpables del crimen. Pero aunque el sentido de la justa venganza quede satisfecho, no hay que hacerse ilusiones de que todas estas historias sean verdad.

Solo una pequeña leyenda brota sobre la ignorada tumba de Sócrates. Se cuenta que un muchacho espártano llegó a Atenas lleno de devoción hacia Sócrates. Cuando se hallaba ya a las puertas de la ciudad, supo que Sócrates había muerto; preguntó entonces por su tumba, y cuando se la señalaron, después de hablar con la estela y lamentarse, esperó la noche y durmió sobre ella. Antes de que amaneciera del todo, besó el polvo de la tumba y se volvió a su patria.
Pálida leyenda, pero bastante religiosa es si se piensa que tuvo fuerzas para surgir sobre el sepulcro de quien con arcaico pesimismo y pleno uso de razón dijo después de ser condenado a muerte: «Vosotros salis de aquí a vivir; yo, a morir; Dios sabe cuál de las dos cosas es mejor

(paginasobrefilosofia.com)

Σάββατο 30 Οκτωβρίου 2010

Daniel Hernández Morillo, (Perú, 1856 - 1932):
La muerte de Sócrates