Πέμπτη, 30 Απριλίου 2009

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ 7

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Leon von Klenze (Alemania, 1784-1864): Acrópolis
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Regreso a Atenas
Negociaciones con los oligarcas atenienses
Alcibíades parece que asumió el hecho de que la "democracia radical" nunca estaría de acuerdo con su regreso a Atenas. Por lo tanto, intercambió mensajes con los jefes atenienses en Samos y sugirió que si pudieran instalar una oligarquía que estuviese de su parte, regresaría a Atenas y traería consigo dinero persa y posiblemente a la flota persa de 147 trirremes. Alcibíades empezó a ganarse a los oficiales más influyentes del ejército y consiguió su objetivo ofreciéndoles un plan compuesto de tres partes: la constitución ateniense debía ser cambiada, el regreso de Alcibíades debía ser votado y Alcibíades debía ganarse a Tisafernes y al Rey de Persia para la causa ateniense. La mayoría de los oficiales de la flota ateniense aceptaron el plan y dieron la bienvenida a la posibilidad de una constitución más limitada, que les otorgara un mayor margen de acción para determinar la política. Según Tucídides, sólo uno de los generales atenienses en Samos, Frínico, se opuso al plan y argumentó que Alcibíades se preocupaba más de la oligarquía propuesta que de la democracia tradicional. La participación en la trama de otro general, Trasíbulo, queda poco clara.
Estos oficiales de la flota ateniense constituyeron un grupo de conspiradores, pero se enfrentaron con la oposición de la mayoría de los soldados y marineros; pero éstos se calmaron al final "por el panorama ventajoso del sueldo del rey". Los conjurados se reunieron y se dispusieron a enviar a Pisandro y a otros como embajadores a Atenas para que trataran del regreso de Alcibíades y la abolición de la democracia en la ciudad, y para hacer a Tisafernes amigo de los atenienses.
Frínico, temiendo que si volvía del exilio Alcibíades se vengaría de él por haber puesto obstáculos a su regreso, envió un mensaje secreto a Astíoco, el navarco de los lacedemonios, para decirle que Alcibíades estaba arruinando su causa procurando a los atenienses la amistad de Tisafernes y de todos los demás detalles de la conjura.
A Astíoco ni siquiera se le ocurrió tomar represalias contra Alcibíades sino que, por el contrario, se dirigió a Magnesia y les comunicó a Alcibíades y Tisafernes la carta de Frínico. Alcibíades envió inmediatamente una carta contra Frínico a los que estaban al frente del ejército en Samos, comunicándoles lo que había hecho y pidiéndoles que lo condenaran a muerte. Entonces Frínico, en gravísimo peligro a causa de la denuncia, envió de nuevo un mensaje a Astíoco en el que, tras reprocharle que no hubiera guardado el secreto de su primer mensaje, le manifestaba que ofrecía a los peloponesios la posibilidad de destruir toda la flota ateniense en Samos, contando con que Samos no estaba amurallada. Astíoco denunció también esto a Alcibíades. Pero como Frínico se lo esperaba, comunicó al ejército que el enemigo iba a atacar el campamento al no estar Samos amurallada y que era preciso fortificarla cuanto antes. Cuando llegó la carta de Alcibíades en la que se decía que el ejército había sido traicionado por Frínico y que el enemigo iba a atacar, se juzgó que Alcibíades no era digno de crédito y que informado con anticipación de los planes del enemigo, trataba de acusar a Frínico de complicidad.
A pesar de estos sucesos, Pisandro y los otros representantes de los conspiradores llegaron a Atenas y hablaron ante el pueblo, poniendo a Alcibíades y sus promesas en el centro de la cuestión. Tras la oposición inicial a que se reformara la democracia y de los adversarios de Alcibíades que aducían que no debía volver del exilio quien había violado las leyes, los Eumólpidas y los Cérices invocaban los misterios de Eleusis, que habían sido la causa de su destierro. Pisandro les preguntó si tenían alguna esperanza de salvar a la ciudad cuando los peloponesios tenían prestas al combate un número de naves no inferior al suyo y contaban con más ciudades aliadas y contaban con el apoyo económico de Tisafernes y el rey persa. El pueblo abrigó la esperanza de una reforma ulterior de la constitución y la ecclesia decretó que zarpara una delegación formada por Pisandro y otros diez ciudadanos (seguramente uno por tribu, de acuerdo con la costumbre) para negociar con Tisafernes y Alcibíades. El pueblo relevó de su cargo a Frínico y a su colega Escirónides, y envió en su lugar como estrategos al mando de la flota a Diomedonte y a León.
En ese momento, el plan de Alcibíades tropezó con un gran obstáculo. Tisafernes no llegaría a un acuerdo en esos términos, prefiriendo seguir su política de neutralidad. Como Kagan apunta, Tisafernes era un jefe prudente y había reconocido las ventajas de desgastar a cada bando sin la participación persa directa. Alcibíades se dio cuenta de esto, pero como no quería que los atenienses creyeran que era incapaz de persuadir al persa, les presentó unas durísimas exigencias de éste a cambio de su apoyo (como que se le cediera Jonia y otras islas y territorios y el derecho del rey persa de construir naves y de navegar a lo largo de las costas del territorio del Egeo del propio rey) de forma que pudiese argumentar que él le había convencido pero eran los atenienses los que no habían querido ceder. Finalizó la tercera reunión en la corte persa con la cesión de los atenienses a gran parte de las pretensiones, y la ruptura de las negociaciones. Aunque los enviados estaban muy enfadados con las exigencias persas, también consideraban que Alcibíades los había engañado, y que podría haber logrado el acuerdo de habérselo propuesto. Este fiasco puso fin a las negociaciones entre los conspiradores y Alcibíades. Como éste no había logrado cumplir su parte del acuerdo sin la exigencia de concesiones exorbitantes por parte de Atenas abandonaron sus planes de restaurarle en Atenas.
Restitución como general ateniense
A pesar del fracaso de las negociaciones, los conspiradores consiguieron derrocar la democracia e imponer el gobierno oligárquico de los Cuatrocientos. En Samos, mientras tanto, aquellos samios que se habían sublevado contra los aristócratas y que formaron el partido popular, cambiaron de orientación y, persuadidos por Pisandro y por los conjurados atenienses que estaban en Samos, organizaron una conspiración de unas trescientas personas, matando a Hipérbolo, en colaboración con Carmino, uno de los estrategos, dando así una prueba de lealtad. Sin embargo, los samios de la mayoría popular denunciaron lo que se estaba preparando a los estrategos atenienses León y Diomedonte, así como también al trierarca Trasíbulo y al hoplita Trasilo. Con la ayuda de estos hombres y los soldados atenienses en general, los demócratas de Samos pudieron derrotar a los Trescientos oligarcas samios, dando muerte a unos treinta de los Trescientos y condenando al destierro a los tres responsables principales, sin tomar represalias contra los demás.55 Las tropas atenienses en Samos se reunieron en una asamblea política, derrocaron a sus generales, y eligieron unos nuevos, incluyendo a Trasíbulo y a Trasilo. El ejército, alegando que no se había rebelado contra la ciudad sino que había sido la ciudad la que se había rebelado contra él, decidió ponerse de parte de la democracia mientras proseguía la guerra contra Esparta.
Un tiempo después, Trasíbulo convenció a los soldados en el curso de una asamblea de que votaran la repatriación y la impunidad de Alcibíades, una política que había respaldado desde antes del golpe de estado. Luego navegó para encontrarse con Tisafernes y trajo a Alcibíades a Samos, convencido de que la única posibilidad de salvar a Atenas era que Tisafernes se pasara a su bando, y creyendo que Alcibíades tenía gran influencia sobre Tisafernes. Plutarco afirma que el ejército pidió el envío de Alcibíades para usar su ayuda para deponer a los tiranos en Atenas. Por su parte, Kagan argumenta que esta restitución fue una decepción para Alcibíades, que había estado esperando un glorioso regreso a la ciudad de Atenas, pero se encontró con que únicamente había sido restaurado en el mando de la flota rebelde, donde le había sido concedida la inmunidad "protegiéndole por el momento, pero sin garantías para el futuro"; además, la restitución, que Alcibíades había esperado obtener gracias a su propio prestigio e influencia, la consiguió, en realidad, a través del patrocinio de Trasíbulo.
En su primer discurso a los soldados reunidos, Alcibíades se quejó amargamente sobre las circunstancias de su exilio, pero la mayor parte del discurso consistió en jactarse de su influencia sobre Tisafernes. Los motivos principales de su discurso fueron atemorizar a los oligarcas de Atenas e incrementar su crédito en el ejército de Samos. Al escuchar su discurso, las tropas le eligieron general inmediatamente, junto a Trasíbulo y otros. De hecho, los exaltó tanto que propusieron zarpar en seguida rumbo al Pireo y atacar a los oligarcas de Atenas. Fueron principalmente Alcibíades y Trasíbulo, quienes calmaron al pueblo y les mostraron la locura de esta propuesta, que habría provocado la guerra civil y conducido a la derrota de Atenas. Poco después de la restitución de Alcibíades como general ateniense, el gobierno de los Cuatrocientos fue derrocado y reemplazado por una oligarquía más amplia, que cedería el paso de nuevo a la democracia.
Al poco tiempo, Alcibíades navegó para negociar con Tisafernes con un destacamento de naves. Según Plutarco, el supuesto propósito de esta misión fue detener a la flota persa que acudía a ayudar a los peloponesios. Tucídides está de acuerdo con Plutarco en que la flota persa estaba en Aspendo y que Alcibíades dijo a las tropas que conseguiría traer a la flota y que cambiara de bando o que lograría impedir su llegada; pero Tucídides especula que la razón real fue hacer alarde de su nueva posición con Tisafernes y tratar de ganar alguna influencia real sobre él. Según el historiador, Alcibíades sabía desde hacía tiempo la intención de Tisafernes de no traer las naves, y quería desacreditarlo lo más posible a los ojos de los espartanos, por la amistad que mantenía con él y con los atenienses, y obligarle a unirse a su lado. (es.wikipedia.org)

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