Σάββατο, 30 Ιανουαρίου 2010

ΚΑΤΑ ΑΛΚΙΒΙΑΔΟΥ


Félix Auvray (Francia, 1830-1833):
Alcibíades con las cortesanas
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Él es tan diferente de los lacedemonios que mientras ellos aceptan sus derrotas, incluso con sus aliados cuando compiten en su contra, él ni con sus conciudadanos, sino que abiertamente ha declarado que no va a permitirlo a ninguno de los que deseen rivalizar con él. De aquí que, de tal conducta, las ciudades se ven obligadas a simpatizar con nuestros enemigos y a sentir odio con nosotros.
(…) el autor de la ley tenía la siguiente intención: al observar que algunos ciudadanos eran más poderosos que los magistrados y las leyes de modo que no era posible castigarlos por medio de un proceso privado, dispuso de una venganza pública en defensa de quienes son injuriados. Pues bien, por mi parte he sido objeto de cuatro juicios públicos y a nadie que lo quisiera le impedí intentarme juicios privados. En cambio, Alcibíades, aunque cometió tan graves delitos, en ninguna ocasión ha tenido el valor de someterse a algún juicio, pues es tan cruel que las personas, en vez de vengarse por los delitos que cometió, tienen temor de él por el que haga en el futuro, y a quienes han sufrido algún mal, les conviene soportarlo; pero él no se contenta si no realiza lo demás que se le antoje.
(…)
Así pues, es propio de Alcibíades el no preocuparse él mismo de las leyes y de los juramentos y el tratar que vosotros aprendáis a transgredirlos, el hacer exiliar a los demás y condenarlos a muerte sin piedad, y el rogar el mismo y llorar desconsoladamente. Y esto no me admira, pues él ha hecho actos dignos de muchos lamentos.

Contra Alcibíades
en Andócides: Discursos (Universidad Nacional Autónoma de México, 1996)
Versión de Gerardo Ramírez Vidal

1 σχόλιο:

Ανώνυμος είπε...

XIII. Era aún muy joven cuando se dio a los negocios de gobierno, y aunque al punto oscureció a todos los demás concurrentes, tuvo que contender con Féax, hijo de Erasístrato, y con Nicias, hijo de Nicerato, de los cuales éste le precedía en edad y tenía opinión de buen general; y Féax, que procedía de padres ilustres, y como él empezaba a tener adelantamientos, le era inferior entre otras calidades en la de la elocuencia: parecía más propio para conciliar y persuadir en el trato privado, que para sostener los debates en las juntas: siendo, como dice Éupolis, Diestro en parlar; mas en decir muy torpe. Corre asimismo una oración de Féax escrita contra Alcibíades, en la que se dice, entre otras cosas, que, teniendo la ciudad muchas tazas de oro y plata destinadas a las ceremonias, Alcibíades usaba de todas ellas como propias en su mesa diaria.

Plutarco: Vidas paralelas. Alcibíades