Δευτέρα, 10 Αυγούστου 2009

ΖΑΚΛΙΝ ΝΤΕ ΡΟΜΙΓΙ: ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ 1

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Jacqueline de Romilly: Alcibíades
Prólogo
La vida de Alcibíades es una serie de impresionantes aventuras y peripecias. Este joven, ahijado de Pericles, cuyo trato cultivaba Sócrates, estuvo en el centro de toda la vida política de finales del siglo V a.C. Empujado por la ambición y dotado de un talento extraordinario, determinó primero la política de Atenas; después, la de Esparta y, por último, la de los sátrapas persas. Su vida tuvo altibajos dignos de una tragedia griega: en Atenas, Alcibíades marcaba la pauta en todo, pero pronto tuvo que huir de la ciudad, que lo condenó a muerte; al cabo de varios años, regresó como salvador, entre honores y homenajes, para ser exiliado de nuevo por una decisión política, en una aldea de la Alta Frigia donde acabó asesinado. Siguiendo su trayectoria, pasamos de una ciudad a otra, de Sicilia a Lidia, y de un proyecto a otro, acompañados de la pertinaz piedra de escándalo que sus amores e insolencias ponen en su carrera.
Esta vida de aventuras no se desarrolla en un ambiente normal. La guerra de Peloponeso, en la que él desempeñó un papel decisivo, fue uno de los principales puntos de inflexión de la historia griega: empezó cuando Atenas estaba en la cúspide de su poderío y de su esplendor y terminó en una derrota aplastante: Atenas perdió su imperio y su flota, y aquí acabó el siglo de los grandes trágicos y de la gloria. Pues bien, Alcibíades influyó en todas las decisiones, tanto en un bando como en el otro; le cabe, una responsabilidad innegableen el desaguisado. Por otra parte, murió el mismo año de la derrota de Atenas. Desde todos los puntos de vista, su aventura personal pasa por los momentos cruciales de la historia de Atenas. Por esta misma razón, su figura centró la atención de los más grandes espíritus de la época, a los que movió a la reflexión. Nada más emprezar; hemos mencionado a Pericles y a Sócrates: el que dio su nombre al siglo y el fundador de la filosofía occidental, ¡Casi nada! Pero pueden agregarse otros muchos nombres. Alcibíades es uno de los personajes de Tucídides, el gran historiador de la época. Platón lo menciona con frecuencia. Aparece en los escritos de Jenofonte, tanto en las obras históricas como en sus recuerdos de Sócrates. Otros, como Aristófanes o Eurípides, hacen alusiones o transposiciones del personaje y otros, como Isócrates y Lisias, disertaron sobre su trayectoria y su carñacter inmediatamente despuéd de su muerte.
En efecto, existía el problema de Alcibíades. Porque este pupilo de Pericles parecía haber seguido en política el rumbo opuesto al de su maestro. Y, durante veinticinco años, se observó que este cambio de rumbo coincidía con la ruina de Atenas (...)
Podemos añadir, incluso, que la vida de Alcibíades planteó en el siglo V dos problemas de política que hoy siguen siendo de actualidad.
En primer lugar, Alcibíades encarna el imperialismo ateniense en su forma extrema y conquistadora, y en las imprudencias que provocaron su caída. Este personaje, que iluminan los análisis de Tucídides, nos permite, pues, hacer unas reflexiones sobre el espíritu de conquista.
Por otro lado, Alcibíades es la figura que antepone la ambición personal al interés común. En esto es exponente del análisis de Tucícides que muestra cómo los sucesores de Pericles, incapaces de imponerse por méritos como hiciera él, se vieron reducidos a la necesidad de halagar al pueblo y recurrir a las intrigas personales, nefastas para la colectividad. Así pues, toda reflexión sobre los problemas de la democracia en general gana con el examen de las rocambolescas aventuras de Alcibíades, que iluminan los análisis de Tucídides y de los filósofos del siglo IV.
Alcibíades es un caso único y extraordinario, pero también es un ejemplo típico que a cada instante ùede servirnos de modelo. (...)

Jacqueline de Romilly: Alcibíades (Seix Barral, 1996)

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