Δευτέρα, 30 Μαρτίου 2009

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ 5

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Museo del Ágora de Atenas
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Defección a Esparta
Después de su desaparición en Turios, Alcibíades contactó con los espartanos, "prometiendo ofrecerles una ayuda y un servicio más grandes aún que todo el daño que antes les había hecho como enemigo" si ellos le ofrecían asilo. Los espartanos concedieron esta petición y lo recibieron entre ellos. En el debate en Esparta sobre si enviar una fuerza para ayudar a Siracusa, Alcibíades habló e inculcó miedo a los éforos espartanos sobre la ambición ateniense, informándoles de que los atenienses esperaban conquistar Sicilia, Italia, e incluso Cartago. El historiador de Yale Donald Kagan cree que Alcibíades exageró los planes de los atenienses para convencer a los espartanos del beneficio que les proporcionaba su ayuda. Kagan asevera que Alcibíades no había adquirido su "legendaria" reputación, y que los espartanos lo veían como "un hombre derrotado y perseguido" cuya política "provocó fallos estratégicos" y no consiguió "ningún resultado decisivo". Si es exacta, esta valoración subraya uno de los grandes talentos de Alcibíades: su oratoria persuasiva. Tras hacer que la amenaza pareciera inminente, Alcibíades aconsejó a los espartanos enviar tropas y - lo más importante - un comandante espartano para disciplinar y ayudar a los siracusanos.
Alcibíades sirvió como consejero militar a Esparta y ayudó a los espartanos a asegurar algunos éxitos cruciales. Aconsejó que construyeran un fuerte permanente en Decelia, justo a 16 km de Atenas y al alcance de la vista de la ciudad. Haciendo esto, los espartanos cortaron completamente a los atenienses el acceso a sus casas y cultivos y a las minas de plata de Sunión. Éste era parte del plan de Alcibíades para reanudar la guerra con Atenas en el Ática. El movimiento era devastador para Atenas y forzó a los ciudadanos a que vivieran dentro de los Muros Largos de la ciudad todo el año, fomentando la plaga de Atenas y haciéndolos completamente dependientes de su comercio marítimo para alimentarse.En vista de que Atenas era hostigada en un segundo frente, los miembros de la Liga de Delos empezaron a considerar una revuelta. Como consecuencia de la derrota desastrosa de Atenas en Sicilia, Alcibíades navegó a Jonia con una flota espartana y consiguió convencer a algunas ciudades para que se rebelasen. A pesar de estas valiosas contribuciones para la causa espartana, Alcibíades perdió el favor del gobierno espartano cuando se descubrió que estaba teniendo una aventura amorosa con la esposa del rey espartano Agis II. Por ello, muchos creyeron que Alcibíades era el padre de Leotíquidas, el hijo que tuvo poco después Timea (la esposa de Agis). La influencia de Alcibíades se redujo todavía más tras el retiro de Endio, el éforo más favorable a él. Astíoco, un almirante espartano, fue enviado con la orden de matarlo, pero Alcibíades fue avisado y desertó a la satrapía persa de Tisafernes, que había estado ayudando económicamente a las fuerzas peloponesias en 412 a. C. (es.wikipedia.org)
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"Nuestra fiesta era la del pueblo entero, nuestro credo mantener la forma de gobierno bajo el que la ciudad disfrutó de la mayor grandeza y libertad, y que habíamos encontrado existiendo. En cuanto a la democracia, los hombres de juicio de entre nosotros quizás sepan lo que era, y yo, como cualquiera, tengo el mayor motivo para quejarme de ello; pero no hay nada nuevo que sea dicho de un absurdo patente - mientras tanto no pensemos en salvarla cambiándola bajo la presión de su hostilidad."
Discurso de Alcibíades a los espartanos escrito por Tucídides, (VI, 89]); Tucídides niega la exactitud verbal.

Παρασκευή, 20 Μαρτίου 2009

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Lawrence Alma-Tadema (Reino Unido, 1836-1912)
Fidías mostrando a sus amigos el friso de Pártenon
(Α la izquierda Alcibíades con Sócrates )

Τρίτη, 10 Μαρτίου 2009

ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ 4

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Herma griega arcaica.
Museo Arqueológico Nacional de Atenas
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Expedición a Sicilia
En 415 a. C., llegaron a Atenas unos delegados de la ciudad siciliana de Segesta (Egesta en griego), para solicitar ayuda a los atenienses en su guerra contra Selinunte. Dicha solicitud fue debatida en la asamblea y Nicias se opuso con vehemencia contra la intervención ateniense. Argumentó que la campaña sería muy costosa, a la vez que atacaba las motivaciones y el carácter de Alcibíades, que se había erigido en el principal partidario de la expedición. Por otro lado, Alcibíades argumentó que una campaña en este nuevo territorio proporcionaría riquezas a la ciudad y ampliaría el imperio, igual que había ocurrido anteriormente con las guerras médicas. Alcibíades pronosticó en su discurso, (con exagerado optimismo, según la opinión de la mayoría de los historiadores) que los atenienses podrían reclutar a aliados en la región e imponer su gobierno a Siracusa, la ciudad más poderosa de Sicilia. A pesar de la entusiasta defensa del plan por parte de Alcibíades, sería Nicias, y no él, quien transformaría una modesta intervención en el lugar en una gran campaña y que haría pensar a todo el mundo que la conquista no sólo sería posible sino incluso segura. Su sugerencia fue que el tamaño de la flota se incrementara de unas 60 embarcaciones hasta las 140 galeras, y que las fuerzas alcanzasen 5.100 hombres de infantería pesada y unos 1.300 arqueros, honderos y tropas ligeras. El filósofo Leo Strauss subraya que la expedición siciliana superaba todo lo emprendido por Pericles. La verdadera intención de Nicias era asustar a la asamblea con su alta estimación de las fuerzas requeridas pero, en lugar de disuadir a sus conciudadanos, su análisis lo hizo aún más deseable. En contra de sus deseos, Nicias fue nombrado general, junto con Alcibíades y Lámaco; los tres con plenos poderes para lograr que los intereses de Atenas en Sicilia se cumplieran.
Una noche, durante los preparativos para la expedición, los hermai -cabezas del dios Hermes sobre un plinto con un falo- fueron mutilados en toda Atenas. Esto supuso tanto un escándalo religioso como un mal presagio para la misión. Plutarco explica que Androcles, un dirigente político, usó testigos desleales que culparon a Alcibíades y a sus amigos de mutilar las estatuas y además de profanar los misterios de Eleusis. Después, sus adversarios políticos, encabezados por el propio Androcles y por Tesalo, hijo de Cimón, enrolaron a oradores para argumentar ante la asamblea que Alcibíades debía zarpar como estaba planeado y someterse a juicio a su regreso de la campaña. Alcibíades, que recelaba de sus intenciones, pidió que se le permitiera someterse a juicio inmediatamente, bajo la amenaza de pena de muerte, para poder limpiar su nombre. La petición fue denegada y la flota zarpó poco después, con los cargos sin resolver.
Tal y como Alcibíades había sospechado, su ausencia envalentonó a sus enemigos, y éstos empezaron a acusarlo de las otras acciones sacrílegas, alegando incluso que dichas acciones estaban relacionadas con un complot contra la democracia. Según Tucídides, los atenienses reaccionaban siempre con miedo ante este tipo de acusaciones y su reacción fue sospechar del acusado. Cuando la flota llegó a Catana, se hallaba allí el trirreme estatal "Salamina" esperando para llevar a Alcibíades y los otros acusados de mutilar los hermai y profanar los misterios de Eleusis de vuelta a Atenas para someterse a juicio. Alcibíades dijo a los heraldos que los seguiría a Atenas en su embarcación, pero en Turios se fugó con su tripulación. En Atenas fue juzgado "en ausencia" y condenado a muerte. Sus propiedades fueron confiscadas y se prometió una recompensa de un talento a quien consiguiera matar a alguno de los que habían huido. Mientras tanto, la fuerza ateniense en Sicilia, después de algunas primeras victorias, se movilizó contra Mesina, donde los generales esperaban que sus aliados secretos dentro de la ciudad la traicionaran. Alcibíades, sin embargo, previendo que estaría fuera de la ley, dio información a los amigos de los siracusanos en Mesina y consiguió prevenir la entrada de los atenienses. Con la muerte de Lámaco en batalla poco tiempo después, la expedición siciliana recayó sobre las manos de Nicias, a quien los eruditos modernos han juzgado ser un inadecuado jefe militar.
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"A nuestros aliados de allí juramos defenderlos y no para que deban acudir aquí a defendernos, sino para que ocasionen dificultades a nuestros enemigos de allí e impidan que vengan a atacarnos. Así es como hemos construido nuestro imperio(...) asistiendo a los que reclamaban nuestra presencia. Porque no sólo hay que defenderse cuando se es atacado, sino que hay que anticiparse para impedir. Y no es posible determinar con precisión la extensión que queremos darle a nuestro imperio, sino que, en vista de lo que hemos conseguido, es necesario conspirar para prolongarla, porque, si dejáramos de gobernar a otros, estaríamos en peligro de ser gobernados. No podéis mirar la inactividad desde el mismo punto de vista que los demás, a menos que os preparéis para cambiar vuestro modo de vida y que sea como el suyo."
Oración de Alcibíades antes de la expedición a Sicilia escrita por Tucídides, (VI, 18]); Tucídides niega la exactitud verbal. (es.wikipedia.org)