Τετάρτη, 20 Οκτωβρίου 2010

ΣΩΚΡΑΤΗΣ 13

Jacques-Philip-Joseph de Saint-Quentin (Francia, 1737-?):
La muerte de Sócrates
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Sócrates y la cicuta
En el juicio a Sócrates desarrollado en Atenas en el año 399 a.C, los fiscales Anito, persona poderosa en representación de políticos y artesanos, el orador Licón y el poeta Melito, acusaron al filósofo de negar la existencia de los dioses de la ciudad, obrar contra sus leyes y subvertir a la juventud. La crítica a Sócrates iniciada un cuarto de siglo antes por Aristófanes con su comedia Las Nubes predispuso al pueblo en contra de Sócrates. A esto contribuyeron la adhesión y amistad de Sócrates con líderes políticos oligarcas e incluso traidores a Atenas como Alcibíades –a quien en una ocasión lo había salvado de la muerte– y su desinterés en la vida pública; de todas maneras en la guerra del Peloponeso había demostrado ser valiente hoplita en numerosas batallas entre Atenas y ciudades vecinas. La culpabilidad fue decidida por 280 votos contra 220 y Sócrates, condenado, planteó él mismo la pena con paradójica ironía. Consideró que dado que la ley ateniense disponía que fuera
castigado, proponía que se lo recompensase y honrara públicamente. Los jueces, irritados, lo condenaron a muerte por 360 votos contra 140 votos que aceptaban la propuesta del acusado. Sócrates,que tenía 70 años, fue encarcelado y pocas semanas después debió beber una copa conteniendo cicuta, sustancia sinónimo de veneno, palabra incorporada definitivamente al lenguaje popular y cotidiano y denominación de una sociedad de los EE.UU. (hemlock es el nombre inglés de la cicuta) que promueve el suicidio asistido a enfermos terminales; sus fundamentos, directivos, cursos e información pueden ser obtenidos en Internet.
Nombrar a la cicuta nos devolverá la imagen de Sócrates y es el punto de partida de este editorial: ofrecer una explicación acerca de su muerte. La inducción al suicidio mediante la cicuta era un método común en la antigüedad, varios autores, Andocides, Diódorus y Lisias la mencionan en sus obras; escasos nombres de las víctimas del veneno se han registrado aunque sabemos que centenares de ciudadanos fueron ejecutados de este modo durante el breve régimen de los Treinta Tiranos y durante el gobierno que lo derrocó. La cicuta tuvo otros usos. Fue empleada como solución final en épocas de hambruna y es así que Estrabón (63 a.C-21 d.C, citado en Diógenes Laercio) refiere que en la isla de Ceos o Zea (pertenecientes a las Cícladas) los hombres mayores de 60 años eran obligados a tomarla
(por el bien común) en un sacrificio tendiente a que los alimentos fuesen suficientes para el resto de la población. En el siglo pasado fue empleada como antiespasmódica y sedante nervioso y por esto se aconsejaba su uso como antídoto para la estricnina. Aún ahora se usa en la medicina herbolaria aunque sólo adquirible "con receta médica o por prescripción médica o como veneno".
La cicuta es una planta silvestre de 1-2 metros de altura, Conium maculatum es su nombre científico. Pertenece a la familia de las Umbelíferas, especímenes cuyas flores, al nacer todas de la misma zona del tallo y elevarse a similar altura, toman la forma de un quitasol o sombrilla. De esto último el nombre de la familia, a la que pertenecen el hinojo, la zanahoria, el anís y el perejil; las hojas de este último parecidas a las de la cicuta. Se puede distinguir a la cicuta por el olor penetrante y fétido de las hojas, especialmente cuando son frotadas, semejante al de los ratones.
El principio activo de la cicuta es la conina, un alcaloide derivado de la piperidina con efectos
neurotóxicos. En los animales, los signos clínicos de la intoxicación son debilidad muscular, incoordinación, temblor, agitación nerviosa y muerte por depresión respiratoria; constituye un problema sanitario en medicina veterinaria por las deformaciones fetales y la disminución en la fertilidad que produce la ingesta. En el ser humano produce además cuadros graves de rabdomiolisis y falla renal por necrosis tubular.
Si bien los griegos conocían diversos venenos, la cicuta era el veneno oficial. El verdugo preparaba la poción, triturando la planta, cociéndola ligeramente y mezclándola con vino. Otra digresión. El veneno no siempre resultaba efectivo y en ocasiones los verdugos se quedaban cortos con las dosis preparadas. En la ejecución del general Foción, al término de la guerra entre Atenas y Macedonia en el 317 a.C. nos enteramos por Plutarco que el verdugo solicitó un pago extra para suministrarle la segunda dosis de cicuta, dinero que los amigos del condenado aportaron para apresurar el final. Séneca también apeló a la cicuta, sin éxito, para luego de sucesivos intentos de abrirse las venas y morir desangrado en una tina de baño.
La descripción de los signos sensitivos y motores que la cicuta ocasionó a Sócrates la hallamos en la escena final del Fedón o Del Alma, libro de Platón que lleva como título el nombre de uno de los discípulos y amigo que asistió a Sócrates durante los cuarenta días de prisión en la cárcel de Atenas. Platón redactó el Fedón 8 años después del juicio y en base a los testimonios de los discípulos y amigos que npresenciaron la agonía del maestro ya que para ese entonces Platón se había refugiado en una ciudad vecina. Sobrio y digno, Sócrates por última vez interroga al verdugo sobre lo que debía hacer después de tomar el veneno. El verdugo le aconseja que una vez que hubiese bebido la cicuta caminase hasta sentir sus piernas pesadas y posteriormente acostarse. Sócrates solicita efectuar una libación en honor de los dioses, no es autorizado, pues para esto debía derramar una alícuota del veneno y bebe lo que se le ofrece. Tiempo después el verdugo le examina las piernas y, al apretarle fuertemente un pie, Sócrates le responde que ya no siente nada; el verdugo, una vez más, le advierte que la muerte llegará cuando el frío alcance el corazón. Paulatinamente el cuerpo de Sócrates se paraliza y se va poniendo frío; solicita que se sacrifique un gallo al dios Esculapio, ya que la muerte lo libraba del sufrimiento y fallece rodeado de familiares y amigos (surge ante nosotros el cuadro de David). Critón, uno de ellos, le cierra los ojos y la boca. Hasta aquí el Fedón.
[…]
La excusa de nuestro artículo fue el trágico proceso que condujo a la muerte de Sócrates. El filósofo no dejó ningún escrito –digamos que en nuestros días, estaría académicamente muerto– y sus pensamientos e ideas fueron elaboradas por sus discípulos. Su martirio y la relación simbiótica con el genio de Platón lo convirtieron en un santo secular y su muerte es una mancha en la reputación de Atenas, ni la primera ni la última, debemos decir. Tomamos otros ejemplos. La multa de 50 dracmas a Homero por considerarlo loco, la condena por herético a Anaxágoras en época de Pericles y la exclusión de los escritos de Demócrito y Homero por Platón en su pensamiento de estado ideal propuesto en La República. Los atenienses se arrepintieron del juicio a Sócrates y los fiscales se convirtieron en chivos
expiatorios. Anito murió en el exilio. De Licón nada se supo y Melito, quien había actuado en representación de los poetas, fue condenado por calumniador. En esa oportunidad los atenienses no apelaron a la cicuta sino a la lapidación del oscuro poeta.
Basilio A. Kotsias
Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari, Facultad de Medicina

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